El "cirujano" de paraguas: El oficio que me ayudó a ser Licenciado en Economía

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¡Saludos a toda la comunidad de Hive! Hoy quiero compartir con ustedes una historia muy personal. Una historia de esfuerzo, de callos en las manos, de apoyo familiar y de mucho orgullo.

Les cuento que soy Licenciado en Economía y Sociedades. Pero para llegar a ese título, no lo tuve fácil. Desde que tenía apenas 18 años, me consideré una persona "multipropósito". Aprendí de forma autodidacta a reparar sombrillas y paraguas, y todo comenzó de la forma más humilde: arreglando la sombrilla de mi mamá y la de mi abuela.

Al ver que quedaban como nuevas, las amigas de mi mamá empezaron a traerme las suyas. Poco a poco, la voz se corrió y me convertí en el "reparador de sombrillas del barrio". No siempre era solo coser un hueco; en ocasiones tenía que hacerlas casi nuevas: reparar todas sus varillas o cambiarles el mecanismo de cierre con su muelle porque estaban deteriorados.

En este oficio hay que tener mucha picardía para ser capaz de enderezar y remendar las varillas torcidas por el viento. Muchas veces llegan vecinas que han metido la sombrilla en la llanta de alante de la bicicleta, y lo que traen es un verdadero desguace: varillas rotas, soporte doblado, forro descosido. Y yo, con mi destreza y experiencia de años de trabajo, las dejo funcionando a plenitud. Como dicen por ahí, actúo como un médico cirujano, y digo yo que son verdaderas cirugías a pecho abierto.

Nota: Les aclaro que esta imagen que abre el post fue creada con Inteligencia Artificial para ilustrar mi oficio, pero el taller, el trabajo y la historia que les cuento son 100% reales.

Y hablando de cirugías, les cuento una anécdota. Hace unos años, mi tía (que ya falleció y a quien recuerdo con mucho cariño) viajó a Holguín y compró 20 sombrillas con defectos de fábrica. Las trajo para que yo las reparara y luego pudiéramos venderlas. Aquello fue una tarea titánica: eran sombrillas nuevas, pero había que hacerles "cirugía estética" para que el cliente final no se diera cuenta de los fallos. Tuve que innovar con los mecanismos de cierre, pero la tarea salió a la perfección y logramos venderlas todas.

Con el tiempo, fui adquiriendo mis propias herramientas, las cuales conservo hasta la actualidad. Pero de todas ellas, hay dos que guardo con un afecto inmenso porque me las dio mi papá: un pequeño martillo que él mismo me hizo soldando una cabillita en forma de cabo a un polín de rollete para remachar los pequeños remaches, y una pinza de cortes.

Ambas quedaron perfectas, aún las conservo y siguen cumpliendo su función. Cada vez que las uso, recuerdo el apoyo incondicional de mi familia.

Durante el período de septiembre de 2013 a junio de 2019, en la Universidad de Granma, este oficio fue clave. Al reparar sombrillas obtenía parte del ingreso necesario para pagar los gastos de transporte y la alimentación. Y que quede claro: mi título universitario lo gané estudiando, estudiando. Mientras me empapaba de los libros de economía, mis manos también se ocupaban de enderezar varillas de paraguas.

Hoy, aunque tengo un título universitario colgado en la pared, no me da vergüenza ensuciarme las manos. Al contrario, me enorgullece saber que ese título no me lo regaló nadie; me lo gané a pulso, estudiando mucho y reparando paraguas.

Quería presentarles este lado de mí: el economista que también es un "médico de paraguas". Porque la verdadera universidad de la vida te enseña que no hay trabajo pequeño cuando se hace con dignidad.

¿A ustedes les ha tocado aprender algún oficio para salir adelante? ¿Tienen alguna herramienta o recuerdo de sus padres que atesoren? ¡Los leo en los comentarios!

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