Luna Compañera.
La luna -esa perlita plateada que se encuentra rodeada de luceros todas las noches- me acompaña mientras deambulo por la vida. Siempre atenta, siempre vigilante, siempre allí. Serena. Guiando mi camino con su luz y su presencia.
Ella me cuida.
Recorro una ciudad llena de personas, de ruido, de susurros, de estruendo. Y siento, en mi piel, toda la vitalidad que fluye en el entorno. Soy parte de ella. También estoy viva y estoy allí.
Es curioso que al estar en un lugar desconocido el instinto te dice "oye, ten cuidado. ¡Está alerta!" pero a pesar de todo, esa sensación se difumina cuando realmente estás apreciando todo lo que pasa y, por su puesto, cuando toda esa fantasía la vives en compañía de personas que llegan a tu vida de forma inesperada, curiosa e inexplicable.
Esa persona podrías ser tú ¿Lo sabes? ¡si tú! Estás leyendo esto conmigo. Tú también me acompañas, tal vez en un lugar diferente, pero estás allí. De eso estoy segura. Quizás nos conozcamos algún día... Como dije, la vida da giros curiosos.
Amanece, y es hora de despedir a la luna. ¡No significa que no esté o que se haya ido! Solamente no puedo verla, no pasa nada; ya les dije que siempre está allí velando por mi. Puede ser que en unas horas me sorprenda de nuevo y en lugar de estar redonda e imponente se me aparezca en forma de sonrisa.
Ya lo saben. ¡Ella me cuida!