...
La otra costa.
Está vedada la gran plaza del encuentro.
La vida ha cercado los accesos.
Solo corren los anhelos,
escalando cercados,
indolentes secuaces
de una arbitraria idea.
Percibo todavía el mensaje secreto.
Rumores de las aguas,
traductores de ecos
que emigran de las montañas
que arriban a la costa.
Lenguaje cifrado de las olas
que aprendí, llenándome de arena,
correteando entre espumas
jugando con el agua, de pequeña.
Las nubes se alinean
cual una partitura en el papel del cielo.
Dicen la melodía de la tonadilla
que canturrea el viento.
Abajo, el golpe de la ola le da el tiempo.
Perdida entre los azules, rumores,
insistentes mareas, transparencias,
encuentro la poderosa mirada del poeta.
Hasta mí llegan, suspendidos, sus suspiros,
los hálitos que expresan los líricos deseos.