Saludos, amigos.
Con la furia enrojeciendo los pardos ojos, con un gruñido ahogado en la garganta, pero con una frialdad que impedía adivinar su conmoción interna el comandante Jack ordenó reprogramar las naves y regresar al planeta Tierra.
No le dejaría el campo libre al perverso enemigo que había socavado la voluntad humana logrando anularla.
Centenas de milenios de cooperación entre las dos razas habían sucumbido ante la astucia del enemigo que ahora llevaba a hombres y mujeres, como esclavos, en vergonzantes navíos, desde la idílica soledad del planeta azul hasta los alejados planetas de la nebulosa Ojo de Gato.
En la tierra quedaban los púberes y los niños. El plan, sencillo pero maquiavélico, había dado los resultados esperados. La tierra se convirtió en un granero. Agua fresca, sol para el veraneo, pájaros, insectos… El paraíso que todos los mundos habían buscado siempre, solo para los traicioneros.
En el fondo de sus controlados sentimientos el Comandante Jack se sentía culpable.
Su raza, que a partir de la alianza con los humanos había evolucionado a pasos agigantados hasta el punto de hacerse entender en un lenguaje común, que participó con ellos, como pares, en la aventura imparable de la ciencia y la tecnología, no supo distinguir la mortal amenaza que terminaría destruyéndolos.
Es posible que sí hayan actuado con mucha inteligencia y sigilo, su plan pasó desapercibido durante milenios. -cavilaba Jack, que no negaba los méritos del enemigo.
–¡Comandante, me permito recordarle que no podemos regresar a la tierra! Las naves enemigas tienen cercado el sistema solar y llenaron de insidia, contra nosotros, a las demás especies. –La ronca voz del contramaestre lo sacó de sus pensamientos.
–Nuestras mejores mentes están evaluando las posibilidades. Encontraremos una salida. –Respondió el comandante mientras se sumergía en la evaluación de la estrategia enemiga.
Los silenciosos enemigos estuvieron al lado de las reinas más hermosas de Egipto antiguo. Sentados, ellos mismos como reyes, en hogares humanos, con sus poses hipnóticas, vigilando desde los tejados, susurrando a los durmientes sus mensajes telepáticos.
Siempre fue evidente la maldad profunda en sus ojos, de sus oscilantes pupilas que se abrían, dejando ver una profundidad infernal en ellas.
También sus obscenos contactos, restregando las piernas de mujeres y niños, incitándoles a amarlos…
La visión del pasado entregó la respuesta. ¡Los enemigos habían ganado el presente pero para ganar la guerra debían ganar el pasado y el futuro!
–¡Si viajamos más rápido que la luz regresaremos al pasado!
Solo allí, sin la descarada ventaja que la infame especie usufructuó, podían defender el lugar de amor y de mutua compañía que fue el norte de la alianza de su raza con la humana.
–¡Aún tenemos nuestros instintos!
–¡Los humanos nos necesitan. Los defenderemos con uñas y dientes!
La voz del capitán Jack fue escuchada en cada una de las mil naves. Y en cada una de esas naves sus ideas se convirtieron en obligación sagrada.
El universo entero nunca vio una pelea entre perros y gatos como la que se avecinaba.