Él la miró a los ojos y vió todo el universo reflejado. En ese instante supo que había perdido todo su ser y que ya no se pertenecía a si mismo. Ella debió percibir algo de lo que él estaba sintiendo y recostó la cabeza en su hombro. Por un instante todo fue perfecto. Ahora ya no tendría que enfrentarse solo a la oscuridad que se avecinaba. "Qué suerte he tenido" pensó, y se entregó para siempre.