En países como el nuestro se impone el interés político por encima de la seguridad de sus ciudadanos. Cuando se dio el llamado de regreso a las aulas de clases yo me negué a enviar a mis hijos a sus colegios, porque en el caso de que efectivamente lograsen mantener la compostura y guardar el distanciamiento mientras cubren sus rostros con una mascarilla, me parecía que psicológicamente los iba a afectar la necesidad de querer tener contacto con compañeros y amigos a los que no ven desde hace más de un año; y en el segundo caso, el más probable, seguramente olvidarían el cumplimiento estricto de las medidas de bioseguridad, no porque no las comprendan, sino porque en su inocencia es fácil hacerlas a un lado. Muchos criticaron mi posición, me tildaron de sobreprotectora, para no hacer el cuento largo, dos semanas después las clases presenciales han sido suspendidas hasta nuevo aviso porque alumnos y profesores resultaron contagiados.
No es ser alarmista, yo comprendo que debemos aprender a vivir con esto, pero también entiendo que deben estar dadas las condiciones para ese retorno seguro, pues caso contrario, lejos de ser parte de la solución avivamos el problema. Si es difícil para nosotros como adultos aceptarlo, ni imaginar no lo que ha de significar para los niños, pero es nuestra responsabilidad como padres velar por ellos.
Un abrazo mi estimada, espero que esté muy bien.
RE: To Be or Not To Be (ENG) (ESP)