Echar de menos para nunca echar de más.

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Amigos acá vengo de nuevo mostrándole un poco más de esta manera literaria moderna de expresar en palabras sentimientos que se que así como yo ustedes al leerlo se sentirán identificados, espero lo disfruten.

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En todo hay distancia, pero siempre pensamos en la que no podemos controlar.

Pero en todo hay distancia, de casa a la universidad, del trabajo a casa…

Por muy pequeña que sea, pero siempre la hay.

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La diferencia que hay con la persona que estáis pensando en estos momentos es que esa persona no está en ninguno de esos lugares, ni en la universidad donde vas tú, ni podrás coincidir en ninguna de esas calles que recorres cada día, ni en ninguno de esos lugares que llevan su nombre.

Pero como un día alguien me dijo: : vamos a echarnos de menos para no echarnos de más.

Pero como un día alguien me dijo: : vamos a echarnos de menos para no echarnos de más.

Y qué razón.

Entonces, por un momento, aflojé todos mis miedos, y até todas mis fuerzas para no soltarlas nunca. Y me di cuenta de lo bonito que iba a ser echar de menos a alguien que nunca iba a echar de más.
Porque ¿sabéis? Siempre se acaba echando de más, nuestro error siempre es confundirlo con echar de menos.

Entonces, por un momento, aflojé todos mis miedos, y até todas mis fuerzas para no soltarlas nunca. Y me di cuenta de lo bonito que iba a ser echar de menos a alguien que nunca iba a echar de más. Porque ¿sabéis? Siempre se acaba echando de más, nuestro error siempre es confundirlo con echar de menos.

Nunca, nunca, nunca dejéis que los kilómetros marquen la distancia que hay entre vosotros. Nunca. Que seáis vosotros los que marcáis cuántos abrazos os separan.

Y sí, lo sé, que muchas veces saldríais corriendo a por un abrazo, porque lo necesitáis, pero pensad una cosa, ¿y si guardáis esas ganas para no perderlas nunca? Porque las ganas se acaban perdiendo en un abrazo, pero las ganas que no se dan, siempre se quedan. Como los besos que nunca se dan, como los te echo de menos que nunca se llegaron a decir. Nadie ha olvidado los besos que nunca dio, nadie. Todos los guardamos en algún lugar aunque muchas veces no sepamos dónde. Como los abrazos que nunca dimos por orgullo. El orgullo no está pero los “ojalá le hubiera abrazado a tiempo” retumban demasiado fuerte, ¿no?

La vida son dos días y un traspiés, yo ya llevo tres, así que creo que estoy sobreviviendo.

Y como yo, estáis sobreviviendo también vosotros aunque os creáis haber perdido las vidas que os quedaban.

Porque no las habéis perdido, están con esa persona.

Si tenéis miedo, que sea miedo de no tener miedo.

La distancia se alarga con los “no puedo”, y se acorta con ” quiero y puedo”

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Echar de menos para nunca echar de más. | Ecency