Era una joven muy sensual, a los 15 años el rector de su colegio se puso de rodillas en mitad del patio, amenazando con suicidarse si ella no aceptaba sus amores. la joven se llamaba Margaretha Geertruida Zelle, era holandesa.
Al poco tiempo cambió de colegio y buscando amores, escribió en la sección corazones solitarios de un periódico y contactó con un militar que pasaba vacaciones en Amsterdam, se encontaron , se gustaron y tuvieron su luna de miel aquella noche; al poco tiempo se casaron y viajaron a Indonesia a fijar su hogar.
Pero el amor les duró poco: él, alcoholizado y violento, ella, violenta y coqueta. Aún así tuvieron dos hijas, una de ellas murió envenenada por la criada, en un arranque de celos con el esposos de Margaretha Geertruida.
Se divorciaron y Margaretha Geertruida Zelle regresó a Europa, pero ahora se llamaba Mata Hari.
Margaretha Geertruida, es decir, Mata Hari, se inventó una nueva personalidad y una nueva vida e inició una brillante carrera a pesar de sus pobres dotes de bailarina; pero no importaba, era mala bailarina pero hipnótica en el escenario, con movimientos de serpiente acechante, mirada exótica, cuerpo semidesnudo; y así se rindieron los críticos y los públicos de toda Europa.
Y se rindieron también los militares, a quienes puso de rodillas, y en otras posiciones, con tal de conquistar su amor, aunque aquellos no eran buenos tiempos para estar en reuniones: se vivía la primera Guerra Mundial, y Mata Hari bailaba para los militares alemanes, y para los franceses, los ingleses...
Al final, Mata Hari jugó al espionaje doble y terminó siendo descubierta. Los franceses la capturaron y la fusilaron en una brumosa mañana parisina.
Mata Hari había nacido un día como hoy, 07 de Agosto de 1876, y había nacido para hacer de su vida un drama, una mentira pero, al fin y al cabo, una historia profundamente humana.