When I was a child, I visited Camagüey all the time. I even lived there for stretches—though not in the city itself, but in some very peculiar and fascinating small towns. If you’d like, I’ll tell you about them someday. Because of this, Camagüey province has always felt like a second home to me, while Camagüey city has always felt somewhat strange and unfamiliar.
Everyone who’s visited has gotten lost there. In terms of land area, the province is the largest in Cuba—even bigger than some Caribbean islands. Yet much of that territory is rural, dedicated to cattle ranching, so the population density is quite low. Still, Camagüey city is the third most populous in Cuba, after Havana and Santiago.
You get lost because it’s a maze of a city—and it was built that way on purpose. Founded in 1514 as Santa María del Puerto del Príncipe, one of Cuba’s seven original villas, it was initially near the sea. The problem? Cuba was the "old reliable" for Caribbean pirates 🏴☠️, who raided our towns as if they owned the place, with terrifying frequency. So around 1528, the city fled inland and now sits smack in the middle of the province.
The labyrinthine design wasn’t accidental: it was meant to confuse attackers. The alleyways are crooked, winding, and full of dead ends and hidden plazas, making raids difficult. Colonial houses had false doors and secret inner courtyards for escape. Plus, Camagüey province lies on Cuba’s flat plains, with a long history of catastrophic floods. The city was built on swampy land, threaded with rivers and streams. Streets followed the natural watercourses, avoiding floods but creating a chaotic layout.
This "headless" historic center has been a UNESCO World Heritage Site since 2008, praised (very diplomatically) for its "exceptional urbanism." For example, every street eventually leads to a plaza. Unlike other colonial cities (like Havana, Trinidad, or Santiago), Camagüey never had a single dominant central square. Instead, it sprouted minor plazas around churches, creating a patchwork of semi-independent neighborhoods.
And it’s one of these plazas we’ll talk about today.
This is one of my favorite spots in the city. Despite being touristy, it remains peaceful. It’s the kind of plaza you stumble upon unexpectedly, at the end of a cobbled street (likely while searching for something else entirely 😒).
"The Church of El Carmen, located in its namesake plaza, is the only temple in Camagüey with two towers and the fourth of its kind built in Cuba. Though its majestic three-arched facade suggests a three-nave building, it’s actually a modest single-nave structure with a vestibule, choir, presbytery, and sacristy. It was constructed between 1823 and 1825." (Source: Ecured)
The plaza itself didn’t exist before the 19th century. What stood there was a well that supplied the entire neighborhood—hence the area was called Pozo de Gracia ("Well of Grace"). This wasn’t a posh district but a working-class enclave of poor settlers, free Black people, and mixed-race families (back in time, race was a HUGE deal to people and defined your class, status and everything). It was a hub of trade, culture, and folklore, with strong African influences.
The plaza owes its existence to town councilman José Nicolás Montejo, who on May 6, 1825, proposed demolishing three houses to "create a square for the greater decorum, comfort, and spaciousness of the Church of El Carmen, now under construction."
When you stumble into the plaza (always by surprise, as I said), you’re greeted by the beautiful church—now restored, and the only one in the city with twin towers. Its symmetrical facade blends Cuban Baroque and Neoclassical styles. The plaza has a quirky feature: on one side, you must climb steps to enter. Odd, because it’s not a park but an urban void facing a church.
The real stars of Plaza del Carmen are its famous statues. Here’s the gossip:
In the early 2000s, the City Historian’s Office launched a sociocultural project to revitalize the plaza. This led to new additions: a printmaking workshop, a cigar house, an artisan shop, an exhibition space for young artist Roberto Noguel, and the restaurants El Ovejito and El Paso (though in Cuba’s ever-changing reality, I’m not sure if these still exist). Also, the studio of visual artist Martha Jiménez, a UNESCO award winner, was established here.
Jiménez designed the statues. Originally made of marmolite (2002–03), they were later cast in bronze at Santiago’s Talleres Caguayo. They depict ordinary people—seemingly anonymous, yet quintessentially Camagüeyan.
Some statues have hidden inscriptions, like the one with a lantern 🕯️ that invites you to "make a wish by this light, and it shall be granted."
In short, it’s a lovely, quirky place to visit if you’re wandering Camagüey—which, if you’re in Camagüey, you very likely are wandering.
Cuando era niña, visitaba Camagüey todo el tiempo. Incluso viví temporadas, solo que no en la ciudad sino en algunos pueblos muy raros e interesantes de los cuales, si gustan, algún día les hablaré. Por estas cosas, Camagüey provincia siempre se ha sentido como una segunda casa, mientras que Camagüey ciudad se siente, siempre, algo extraña y ajena.
Todo el que la ha visitado se ha perdido. En materia de extensión territorial, la provincia es la más grande de Cuba, más grande incluso que algunas islas del Caribe. Sin embargo, como mucho de ese territorio es campo dedicado a la ganadería, la densidad poblacional es bastante baja. Aún así, Camagüey ciudad es en habitantes la tercera más grande de Cuba, después de La Habana y Santiago.
Uno se pierde porque es una ciudad laberíntica, construida así a propósito. Se fundó en 1514 como Santa María del Puerto del Príncipe, una de las siete primeras, cerca del mar. El problema es que Cuba era "la vieja confiable" de los piratas del Caribe 🏴☠️, que entraban y salían de nuestras villas como perro por su casa, con una frecuencia terrible. Así que alrededor de 1528, la ciudad huyó tierra adentro y ahora está en el mismo medio de la provincia.
El diseño laberíntico no fue accidental: servía para confundir a los atacantes. Las callejuelas son torcidas, sinuosas, con muchos callejones sin salida y plazas ocultas, que dificultaban el saqueo. Las casas coloniales tenían puertas falsas y patios interiores escondidos para escapar. Además, Camagüey provincia está en la planicie cubana, con un largo historial de inundaciones catastróficas. La ciudad se asentó en una zona pantanosa, con múltiples ríos y arroyos. Las calles siguieron los cursos naturales del agua, evitando inundaciones y creando un trazado irregular.
Este centro histórico sin pies ni cabeza es Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, desde 2008), precisamente por lo que con mucha educación han dado en llamar "urbanismo excepcional". Por ejemplo, todas las calles llevan a alguna plaza. A diferencia de otras ciudades coloniales (como La Habana o Trinidad, o el propio Santiago), Camagüey no tenía una plaza central dominante. En su lugar, surgieron múltiples plazas menores alrededor de iglesias, creando un mosaico de barrios semi-independientes.
Y es de una de estas plazas que hablaremos hoy.
Es uno de mis lugares favoritos de la ciudad. A pesar de ser muy turístico, sigue siendo un sitio tranquilo. Es una de las tantas plazas que no esperas ver, te recibe de sorpresa al final de una calle adoquinada (a la que llegaste probablemente buscando cualquier otro sitio 😒).
"La Iglesia del Carmen, ubicada en la Plaza del mismo nombre es el único templo en Camagüey de dos torres y fue el cuarto en construirse con estas características en Cuba. Aunque aparentemente su majestuosa fachada de tres accesos anuncia un edificio de tres naves, realmente posee una planta uninave de modestas proporciones con vestíbulo, coro, presbiterio y sacristía. Su fecha de construcción data de los años 1823-1825". (Tomado de: Ecured))
La plaza como tal no existía tampoco antes del siglo XIX. Ahí lo que había era un pozo del que se alimentaba todo el barrio. Por eso, la zona se conocía como Pozo de Gracia. No era un "buen barrio" de gente pija, sino una zona de familias de colonos pobres, mulatos y negros libertos (era una época en que la raza lo definía todo en cuanto a estatus y clase). Era el epicentro de un intenso intercambio comercial y cultural y de un copioso anecdotario. El folclore africano era fuerte allí.
La plaza, les decía, se debió a la iniciativa del regidor del Ayuntamiento José Nicolás Montejo, quien el 6 de mayo de 1825 solicitó al Cabildo demoler tres casas porque "sería conveniente formar una plaza para el mayor decoro, comodidad y desahogo de la Iglesia del Carmen que se está construyendo".
Cuando caes en ella (casi siempre de sorpresa, repito) te recibe la bella iglesia.
Actualmente restaurada, es la única de dos torres en toda la ciudad. Tiene una fachada simétrica, cosa muy barroca, y se combina barroco cubano con neoclasicismo. La plaza tiene una curiosidad: en uno de sus lados, para acceder a ella tienes que subir unos escalones. Es raro porque no es un parque como tal, sino el espacio urbano vacío frente a una iglesia.
Lo que más llama la atención de la Plaza del Carmen no es nada de esto sino sus famosas estatuas. El chisme tiene varias partes:
A principios de los 2000 la Oficina del Historiador de la Ciudad de Camagüey decide poner en práctica un proyecto de carácter sociocultural para interrelacionar diferentes acciones en función de revitalizar la Plaza. En consecuencia, empezaron un proceso inversionistas que permitió la aparición, en diferentes momentos, de un Taller de Grabado, de una Casa del Tabaco, de una Casa del Artesano, de la sala de exposiciones de Roberto Noguel, un creador joven, y de los restaurantes El Ovejito y El Paso (no tengo claro si estas cosas siguen funcionando en una Cuba tan... Cambiante). También, el estudio-taller de la artista de la plástica Martha Jiménez, Premio Unesco por su quehacer integral.
Y es esta artista la que diseña las estatuas.
Fueron hechas con marmolina entre 2002 y 2003, y más tarde, llevadas al bronce en los talleres Caguayo, de Santiago de Cuba. Se trata de gente común, aparentemente sin historia, que, paradójicamente, representan al camagüeyano.
Se dice que El Aguador representa a un tal Gerardo García Prado, descendiente de una familia de esclavos libertos, que ayudaba a las madres ursulinas (el monasterio queda cerca) como mandadero y asistente a cambio de comida y techo. Aunque nunca se dedica al oficio de aguador, se le representa tirando de una carretilla llena de porrones por ser el agua un elemento alegórico de la localidad.
Están también Las Chismosas, con una silla vacía para que el visitante pueda, pues, chismear.
Los Enamorados, un amor congelado en bronce.
El Lector del Periódico, que en realidad era un señor llamado Norberto Subirat, un jubilado del barrio que se sentaba en los bancos de la intemperie a leer su periódico. Yo recuerdo que hace unos años todavía estaba vivo y sano, y a veces con mucha suerte te lo encontrabas sentado al lado de su estatua y podías conversar con él. Ahora ya no sé.
Algunas estatuas tienen inscripciones secretas, como la que tiene el candil 🕯️ y te dice que pidas un deseo a esa luz y se te concederá.
En fin, es un lugar bonito y curioso para visitar si uno anda perdido por Camagüey. Que si estás en Camagüey muy probablemente andes perdido.