¿Cuánto poder tienen las palabras en nuestras vidas?, la respuesta es sencilla: el poder que nosotros les queramos dar.
Fotografía: Maria A. Vegas @mariaavegas / Edición de mi autoría
Una persona te puede decir algo bueno y quizá no te lo crees, como también te puede decir algo malo y sí te lo crees. Muchas veces ni siquiera son las palabras si no la persona quien te las dice.
Todos tenemos distintas formas de expresarnos y creo que todas deben ser bienvenidas, siempre y cuando se respete la vida. Puede ser peligroso expresarse, porque tal vez una creencia para uno puede ser una ofensa para otro; sin embargo, muchas veces lo que antes nos ofendía, después se vuelve parte de nuestra vida y, cuando eso pasa, es porque estamos abiertos a escuchar y experimentar para poder escoger nuestros ideales y estilos de vida.
Ilustración de mi autoría
Imagínate que eres un vaso al revés y tienes muchas cosas que decir y muchas que dar. Si nadie te voltea, todos los sentimientos se vuelven al aire y el sonido se acostumbra al silencio. Esto sería una sensación sofocante y el hecho de podernos expresar es una bendición para mostrarnos de adentro hacia afuera sin retener nada y que exista expresión absoluta de parte de todos.
En algunos casos, las palabras vienen con una voz que normalmente le pertenece a alguien, y hay ciertas voces que no tienen credibilidad. Pero, ¿por qué darle importancia a las voces que sabemos que no tienen la verdad o, por lo menos un intento de verdad?
Yo me pregunto, si nos costara dinero hablar, seguramente pensaríamos mucho más las palabras antes de decirlas, pero en la realidad, no nos cuestan dinero, solo emociones, que para mí son mucho más caras. Pero en este mundo cuando algo tiene un precio por su valor material le acabamos dando más importancia. El valor de las cosas o de las personas acaba siendo como el de las palabras: el que uno le ponga, o el que uno se dé.
Creo que ninguno de nosotros tiene el don de poder hablar con la verdad acerca del otro. Lo que pasa es que estamos hablando de ese otro, de acuerdo a nuestra verdad. Solo podemos hablar de nosotros mismos, si es que queremos acertar. Si pienso hablar de alguien, creo que debería de decir lo que esa persona me ha dejado o de lo que quizá no me dejó. Pero yo no debería de hablar acerca de lo que esa persona es, porque no hay forma de que yo lo sepa.
Ilustración de mi autoría
El poder de las palabras es importante, y todos tenemos el poder de darles valor, pues hay quien les da más valor de lo que las palabras merecen y hay quienes les dan menos. Cuando juzgamos estamos expuestos a que nuestras palabras se vuelvan tan pesadas que nos cuesten liberarnos de ellas.
¡Gracias por leerme!
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Con cariño,
Gabriela Camuñas @gabrielailustra
www.anuluz.com