La Luna posa su almohada
en el riego de la montaña,
abraza la noche soñada
donde los amantes se bañan,
donde los sueños descansan
y las rimas dulces alcanzan.
Bendito brillo plateado
que desnuda el amor naciente,
engendrado en un dúo paciente,
que disfruta al ser amado
tras el velo nocturno incipiente,
coronado de luceros sonrojados.