Hoy fue un día de contraste perfecto entre el deber y la fe. Durante la mañana y la tarde me enfoqué en avanzar con mis labores y cumplir con las responsabilidades del trabajo, pero al caer el día dediqué mi tiempo a lo verdaderamente esencial: asistir al martes de oración en la iglesia. Poder cerrar el día en este espacio de paz, entregando mis cargas, convierte cualquier día ajetreado en una bendición. Les comparto algunas imágenes de este momento tan especial.