Duele verte, mirarte hermosa como una princesa.
Duele escuchar cada palabra de tu boca de fresa,
como rayo de luz en la penumbra de un oscuro día,
deseando que tu mirada tenga dueño, que sea mía.
Duele verte, imaginarme un sin fin de aventuras,
consciente que todo cuanto pienso es arsenal de locuras
y por más esfuerzo que hago, lo juro, lo intento.
Incluso sin mirarte, no logro sacarte de mi pensamiento.
Duele verte, recordar cada uno de tus dulces besos,
darme cuenta que de tu cárcel personal me encuentro preso
y saber que ni bajando una estrella del brillante cielo de oriente
tú podrías imaginar lo que mi pequeño corazón por ti siente.