Golpes, heridas, sangre, fue todo lo que dejó el desastre que ocasionamos. No había manera de parar la guerra que tú y yo empezamos y que ambos estábamos perdiendo.
Nunca supimos que era lo que nos dañaba, tampoco como resolver todo ese dilema que no entendíamos pero que nos estaba asfixiando.
Parece ser que perdimos la guerra, no hubo quien ganará como tal, pero ganamos la batalla del odio, que fue más fuerte que todo esté caprichoso sentimiento. Susurró en el campo nuestros nombres y escucho hablar de ti, escucho tu voz pero poco a poco dejó de recordar cómo era.
Termino de sentirte, y suelto las últimas armas que tenía contra ti, hasta siento que fue mentira todo el empeño