Que paz y que armonía, resplandecía en la madre mía en aquel lugar que me vio nacer, vivir y crecer hasta que me fui mudando.
¿Dónde quedo el canto del ruiseñor?, ¿la poesía de aquella flor? ¿las palabras de amor? la paz, la paz, aquella que vencía el dolor.
Sigue ahí y va creciendo porque el niño que una vez fue crece sin dolor es el resultado de una vida con amor, en la que fue aprendiendo.
Suelta el látigo, las palabras hirientes, deja eso, que les hace hablar entre dientes.
Un niño necesita amor, paz sin dolor, porque crecerá y lo que le enseñes, eso será.
***Eterlí José Vargas Romero***