Había una vez una mujer que tenía mucho miedo. No eran muchos miedos. Era uno, pero grande. De a momentos se hacía grande, y de a ratos, se volvía pequeñito...pero luego volvía a crecer y así iba siendo y ella lo sentía en el pecho y en el corazón que latía fuerte y asustado.. Un día, se dio cuenta que ese miedo era como un hijito suyo, porque era su creación. Claro está, había nacido a partir de algunas experiencias pasadas, de historias ancestrales, familiares, y de su propia existencia en esta y otras vidas. La cosa es que al darse cuenta de esto, respiró profundamente y de manera intuitiva miró al miedo. Lo tomó en brazos como a un niño pequeño. Lo abrazó, lo apapachó. Y el miedo, al recibir tanto tanto cariño, dejó de ser miedo para transformarse en amor.
Por Cecilia Esperanza
@esperanzac
Dedicada a todas las personas, porque el miedo es parte de la vida, mejor abrazarlo que negarlo...
Fuente de la imagen:
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(Editada por Cecilia Esperanza)