Nunca sobra un cuento del abuelo.
Mi abuelo Frederick Klindt es norteamericano, pero por culpa de la II Guerra mundial tuvo que venir a Venezuela cuando apenas tenía 9 años de edad. Con esfuerzo construyo el “Hotel Klindt” donde incluso llegó a hospedarse Andrés Eloy Blanco en alguna oportunidad y reconocidos toreros de la época. Esto nos ha llevado a compartir la historia de nuestros apellidos a todo el que pregunte, porque era un Hotel reconocido por su estilo europeo del siglo XIX, algo lujoso.
Venezuela, con su crecimiento petrolero de los años 30 y 40 no era la misma que conocemos hoy en día. Nuestros abuelos conocieron la transición democrática, el crecimiento demográfico, la urbanización de las ciudades, el surgimiento de las universidades, de nuevos empleos y de la ciencia. Hoy, los jóvenes, solo conocemos una Venezuela que es muy distinta a la que nos describen nuestros abuelos.
La familia de mi abuela (su esposa) si era de Venezuela. Aunque parezca mentira, mi otro abuelo era panameño y su esposa (mi abuela materna) era de Curazao. Es increíble y merecedor de contarlo, que mis cuatro abuelos sean de cuatro países distintos y hayan parado aquí, en este extraño país.
Es increíble como tantas culturas convergen en una misma familia, y aun teniendo todos los apellidos extranjeros, somos más criollos que una arepa.