Hagámonos un verso.
Amor,
acércate y quédate,
hay un rastro de lunas en la noche,
síguelas y recuesta tus pasos
en el lecho solitario de mi suerte.
Hoy no hay historias qué contar,
solo viento y hojas en el aire de agosto,
solo cigarras en la calle de siempre.
Desnúdame tus penas
mientras encuentro una respuesta a estas lágrimas.
Quiero ahogar este miedo repentino
en el diluvio tibio de tu vientre,
extinguir mis certezas, mis rencores
en ese instante azul de tu sonrisa.
Recorrer con preguntas tu presente
y enterrar las respuestas en la lluvia,
como si te infundiera la vida que me falta
aunque me la juegue en tus desfiladeros.
Y cuando esa piel tuya se haga océano
y se licúe en mi sangre y se haga espuma
y nos lleve a la orilla como antiguos veleros,
hundámonos de nuevo,
y sintámonos náufragos del tiempo.
Hagámonos un verso de Lorca,
dancemos al ritmo del ocaso,
quiero sentir tus formas en mis manos,
y perderme interminable entre tus piernas.
Una noche morimos, ¿la recuerdas?
pero aquí estamos, descarnándonos,
construyendo otra muerte más piadosa,
renaciendo en este amor llamado sexo.
Hagámonos un blues,
hagámonos tormenta.
Régulo Briceño.
Espero que les haya gustado mis letras, que las hayan sentido. Son pedazos de vida y están hechos del mismo material de los sueños: Esperanza.
Su paso por aquí, cuando me vean, hará crecer mi necesidad de seguir escribiendo, gracias.