El sufrir de cada día hace ver la vida sin sentido, sin valor a lo que viene por vivir. Personas que pasan la vida sin importar las líneas rojas o amarillas que se le presenten en el camino.
A veces nos dedicamos a ver lo triste de las cosas que nos rodean y olvidamos ver alrededor, nos perdemos de la brisa que nos acaricia el rostro, para calmar lo agotado del día a día.
Nos perdemos de tantas cosas en busca de porqués que nunca serán respondidos a la medida que esperamos.
Cuando nos invade el silencio, las miradas hablan a veces con rencor, odio, dolor, tristeza o simplemente son miradas con varias maneras de decir el sentir que nos arropa.
Silencios que matan el alma, a veces sin darnos cuenta nos convertimos en pequeños seres irreconocibles o grandes máquinas para causar dolor a quienes nos dan amor.
Cuando el silencio habla sin antes analizar las consecuencias, las palabras pueden ser mortales y muchas veces sin poder retroceder para corregir. El poder de comunicarnos, es lo que hace de una convivencia la más ideal.
No agotemos nuestra energía en demostrar quién es más cruel, vivamos cada día haciendo lo que nos hace feliz, sin dañar el que viene atrás. Cuando en nuestro corazón empezamos a guardar rencores y dolores, terminamos viviendo con angustia sin disfrutar la verdadera felicidad.
Cuando el silencio hable, que sea para vivir en paz, cuando el silencio acabe, que sea para ayudar y no maltratar, que sea para vivir y no morir, cuando el silencio hable, que sea para tomar la mano del que necesite ver esa la luz que otros quieren ocultar.
Escrito por: Iris Ramirez (elsilenciohabla)