La soledad nunca ha sido nuestra aliada.
"Al dejarnos ir,
concebir y percibir las ideas
de una vida separados.
Persistir, y perseguir
estúpidos sueños
que, al final, no dejan de ser eso:
sueños.
Del tú y yo, como conjunto.
Del breve retazo de sonrisas esculpidas en diamantes.
Del forestal impacto, y las nimiedades
de mis miradas en soslayo.
Pero nunca fuimos así.
Hemos hecho de la ausencia,
una suerte de presencia.
Y del amor, un extraño juego entre vacíos y silencios.
* suspiro *
Somos remotos.
Marchitos.
Silentes.
Somos, y me pregunto si fuimos,
o si debimos.
"La melancolía no es mi fuerte". Siempre decías.
Firme e irreverente.
Sutil. Diferente... Muy diferente a mi.
Yo sí, dado a la nostalgia.
Y era esa estúpida manía de no languidecer con disimulo,
lo que te sacaba de quicio, y por lo que exigias
un poco más de espacio
y ese extraño, y confuso "tiempo".
... Nunca entendí porque pedías tiempo
si era eso (y más)
lo que siempre
me sudé
por dedicarte
a ti.
Y si espacio era donde orbitaban nuestros sueños...
¡No dejes de mirar el cielo! ¿Lo recuerdas?
Como quien observa, sonriendo,
las brevedades de un amor en verano,
y cual Vivaldi,
se le pasan las estaciones,
contemplando mil y un puestas de sol.
No, la verdad no espero que recuerdes.
La soledad nunca ha sido nuestra aliada.
Si un día dejares de mirar el cielo...
O si no tienes deseo de hablar con nadie,
no dudes en (ll)amarme.
Prometo esperar en silencio
lo que dure el transitar de las estaciones.
Las mil y un puestas de sol.
Sin emitir ni una sola palabra.
Solo (ll)ámame, y prometo callar.
Pues justo, justo ahora
debo de
colgar.
Adiós".
Mensaje enviado.
Escribir esta clase de versos siempre será un placer.
Simplemente en este estilo me permito ser yo.
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