¿Cómo decirle que no, si ella es tan bella?
Dejarla sola cuando su alma
transita por la cornisa de su existencia.
Retirar la mano y dejarla caer
en el profundo abismo de la consciencia.
Mirar los restos de su entereza
que se derrumban en mi presencia.
Caminaré a su lado
por donde ande.
Le extenderé mi mano
aunque me arrastre.
Y cuando ya no pueda subir la cuesta,
sobre mis hombros la llevaré a la meta.
--Texto de mi autoría E.Rivera--