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Cuándo él nació, fue un día inolvidable y de mucha alegría, era, el primer nieto varón de esta familia de alcurnia y abolengo, el abuelo se sentía orgulloso de tan hermoso nieto de cabello rubio, ojos intensamente azules, manos y pies perfectos, tal como fueron los suyos al momento de nacer, según le contaba su madre...
Desde el primer día fue la adoración de su abuelo, lo colmaba de mimos y, por supuesto, de juguetes, muchos de ellos no acordes con su breve edad y como buen empresario, el abuelo, tenía ya diseñado su futuro....
Sería el dueño y director general de todas sus empresas, al fin, su legado quedaría en buenas manos, él, se encargaría de enseñarle al pequeño todo lo necesario para que, sin problemas, llevará sus empresas hasta la cumbre y siguieran siendo las numero uno...
Pero la felicidad, duró muy poco, el pequeño, con apenas unos días de nacido y de forma misteriosa, falleció...
No alcanzó ni siquiera a llegar a los primeros tres meses de vida, cuando la muerte inesperadamente y sin previa enfermedad, lo reclamó como suyo y se lo llevó del lado de su familia...
Fue un duro golpe para el anciano, un imprevisto que desbarató todos sus planes y le dejaba muchas preguntas sin resolver.
El abuelo, no se explicaba, por qué, con sus más de 500 años en este mundo ninguna de sus hijas le había podido dar un nieto varón...
¿Sería acaso porque su estirpe estaba maldita, o, porqué sus hijas para conservarse bellas y rozagantes necesitaban la sangre fresca de niños varones?
Era algo que, el abuelo, no podía explicar, lo entendía, pero no podía explicarlo mientras saboreaba con deleite una exquisita comida preparada con el más delicioso de los ingredientes, carne tierna y fresca del último de sus nietos....