La noche, como una cortina negra empezó a cubrir el cielo, lentamente caía sobre la ciudad hasta amontonarse en las esquinas donde se volvía más oscura; impenetrable de luz por donde justamente debía regresar. No tenía opción, del otro lado estaba mi casa esperándome como un abrazo, y como un extra, Mindi, mi gata.
Hay noches que tienen variedades inusitadas, nunca imaginé lo que vi al meterme en la vereda; el hombre clavando sus colmillos en el cuello fresco y tierno del joven, me asustó ver a Drácula, y me obnubiló su mirada lasciva, su mano acariciándole el cuerpo, buscando por debajo de su ropa, incógnito; feliz de estar mezclado en la variedad de la noche, como un amante ardiendo para la eternidad.
Sabía que me alcanzaría, pero corrí como si mis piernas fueran de relámpago asustado, aunque no se puede escapar de Drácula y menos sabiendo su debilidad.
─Juro que no diré nada
─No lo harás. Iremos a tu casa, me contarás todo y a cambio de tu silencio, los tuyos vivirán.
─¿No me clavarás tus colmillos?
─Detesto la sangre de fémina.
Dos meses después, Freddy se enteró. Me juró que no contaría el secreto de Drácula. Confiaba en él por ser mi mejor amigo, ahora quería que me acostara con él a cambio de no decirle a nadie; cosa que no haré porque si lo permito, luego no podré detenerlo.
Drácula vigila mi casa, sabe de mis hermanos, de mi novio. A veces viene por las noches a conversar, le es tan difícil vivir su doble vida, no puede salir de clóset porque se convertiría en la burla de los otros demonios, se reirían si se enteraran de que la sangre de mujer le da náuseas, cuando me cuenta sus secretos es tan frágil que lo abrazo y terminamos llorando como dos mejores ami… gas.
Anoche vino Freddy. Al verme en pijama sonrió.
─Qué tonto es Drácula, ─dijo─ ¡despreciarte!, yo en cambio seré tu Freddy Krueger.
Y fue lo último que dijo, porque mi amiga le clavó los colmillos.
Mientras, yo observaba desde la ventana.
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