
Fuente
Se abre el telón
Un escenario vacío.
Ingresa corriendo un hombre con ropas de militar cazador.
CAZADOR: Me fascinan las metáforas, pero me deleitan las ironías. ¡Qué difícil es ser un cazador!
Doce horas llevo tratando de alcanzarlo, ¡pendejo! cada vez que lo tengo… se me escapa. (Simula sostener un rifle, apunta) Ya lo voy a agarrar, otra vez no se escapa. (Camina lentamente)
Al caer la noche, cuando ellas salen a buscarles alimento, yo me luzco gracias a los señuelos colocados el día anterior. No es por presumir, es que yo trabajé destruyendo libros, incendiando teatros, bajando el volumen de las radios que proclaman la libertad y la justicia… pero robar una cría es algo hermoso, ver como se desesperan al alejarse del olor de sus madres, ¡me encanta!
De ellas se encargan los cazadores experimentados. Yo formo parte de este circo con honor, respeto y dedicación. Justo ahora estoy detrás de un ejemplar machito, tierno pero hijo de una hembra rebelde, fusilada por rasguñar donde no se debe, para el régimen puede ser una seria amenaza.
Si le llevara al jefe un león de cuarenta años y doscientos kilos, me mandaría a contar huesos de por vida, los grandes son difíciles de cazar, se saben defender solos. La orden es clara, macho o hembra adulta, con melena crecida, rugido intenso, exacerbación de ideales, o algún movimiento particular: ¡eliminarlo!, no vaya a ser cosa que un buen día decidan atacarnos, es que unidos… pueden ser muy peligrosos.
Nosotros nos quedamos con las crías, a mí me mandan a capturarlas… (Cínico) ¡Y cómo lo disfruto!, los hacemos a nuestra manera, los educamos, los bañamos, perfumamos y les enseñamos a ser fieles a Dios y a la patria, sobre todo les borramos del cerebro cualquier idea de igualdad que hallan heredado… ¡De las bestias esas que tuvieron como padres! (Simulando sostener lentes prismáticos observa) ¡Hay que proteger la carpa rosada! ¡Icono del gran circo!
Aquí hay reglas inquebrantables. (Como si leyera un discurso, grita en un tono enérgico) Regla número uno: ¡entretener a cualquier precio a nuestro público! Regla número dos: la gran farsa debemos sostenerla hasta que llegue el final. Regla número tres: anular todo acto de sensibilidad, especialmente todo lo relacionado al arte. Nada de teatro, nada de cine, nada de poesía. Regla número cuatro: la pobreza se erradica matando a los pobres. Regla número cinco: la guerra es una empresa provechosa, ¡Qué debe multiplicarse! Y la última y más importante de todas nuestras reglas: ¡La sangre derramada se limpia con las letras inscriptas en los preceptos de la causa! Cualquier irregularidad se penará con tortura seguida de muerte. (Camina sigiloso)
Ayer desaparecieron dos trapecistas, reclamaron: ¡trapecios iguales para todos los trapecistas! (Ríe, sarcástico) Acá no se reclama nada, ¡alerta!, los payasos y los enanos son ruidosos e inmanejables, hay que censurarles la sonrisa fuera del horario de trabajo. Si se ponen densos le mandamos a los viejos gorilas, ellos sí que trabajan por la causa del circo nacional.
Llegaron unos mimos que no me caen nada bien, me parece que son extranjeros. ¿No serán buchones no? ellos observan todo y no dicen nada. ¿Y si un día hablan? ¡Los hacemos mierda!
Hay un rumor fuerte… parece que las cuentas no están dando, ¿habrá alguien metiendo la mano en la lata? En la plaza de enfrente, las viejas felinas, se están agrupando. Se están tapando las melenas con pañuelos blancos. (Temeroso) Yo me voy a ir retirando, a ver si todavía… me culpan de algo, parece que la sangre tiende lazos en estos animales que pretenden ser humanos. (Sale corriendo)
Cae el telón