Todo empezó por una imagen en Instagram, en ella se podía ver una hermosa playa, en la descripción, su nombre, Yapascua. Al no tener ni la más mínima idea de su ubicación hice lo obvio, investigar por internet, descubriendo así que se localiza en Puerto Cabello, Estado Carabobo. Algunos días después de la “planeación” y preparación ya estaba listo para emprender mi nueva aventura.
Partí desde el terminal de La Bandera en Caracas con dirección al terminal de Puerto Cabello, el viaje duro aproximadamente 2 horas, una vez en el terminal de Puerto Cabello busque la parada de las camionetas con dirección a Patanemo, al encontrarla habían alrededor de unas 30 personas esperando por el transporte que tardo 15 minutos en llegar y debido a la cantidad de personas que fue suficiente para llenar todos los asientos del mismo, su partida fue casi inmediata, 45 minutos después se detiene en su última parada, la Bahía de Patanemo, una playa llena de palmeras, muchos kioskos en los cuales se pueden adquirir alimentos y en uno de sus extremos un río el cual debí cruzar pasando unas pequeñas casas de pescadores e ir dirección norte por un camino de piedras junto al mar como me habían indicado los lugareños.
También me recomendaron seguir a mano izquierda al ver que el camino se divide más adelante. Seguí y me di con un cartel de metal oxidado que decía “Agropecuaria Yapascua”.
Seguí el camino y empecé a bajar la montaña. Me encontré, luego de un sendero casi plano, con un terreno de tierra que en seguramente en épocas de invierno se convierte en lodo. Lo atravesé y sigues el sendero que no tenía bifurcaciones, luego empecé a ver una laguna enorme. En ese punto no pude evitar gritarme a mí mismo “¡Estás llegando a Yapascua!".
Seguí bajando y luego me encontré con la laguna que está detrás de la otra laguna que forma la entrada del mar. Camine bordeándola mientras buscaba algún sendero que me llevara hacia el mar, y para mi sorpresa no fue difícil de hallar. Sin pensarlo mucho y con el olor del mar bailando en mi nariz lo seguí y al fin encontré el paraíso que había visto en aquella fotografía, solo que esta vez era yo quien estaba ahí, no solo podía ver aquel paraíso, que debo acotar es muchísimo mejor admirarlo en persona, sino que podía olerlo, tocarlo y sentirlo… Sin duda, un lugar majestuoso y lleno de magia que todos deberíamos visitar al menos una vez.