Hola gentiles lectores! Reciban mi cordial saludo.
Ofréceme cinco minutos de tu valioso tiempo
Siempre he sentido gusto en dialogar con personas de avanzada edad, su experiencia y la descripción de épocas en que vivieron me causa curiosidad y fascinación, basándome en relatos y conversaciones que realicé esta trilogía de maravillosas mujeres que hoy en el día, están cerca o pasan los ochenta años de edad y comparten además la características de haber quedado viudas hace algunos años. Desearía que se tomaran unos minutos para leer cada una de estas historias, espero que les agraden.
HASTA QUE LA MUERTE LOS SEPARÓ
PARTE I
Sublime sentimiento, (cuando el amar es más que amor).
Martina es española por nacimiento, en pocos días cumplirá los 90 años de edad. Su niñez transcurrió en Tenerife – España, donde junto a su familia se dedicaban al cultivo de cebada, trigo y lentejas.
Cuenta que por varios días, cuando se dirigía a la escuela primaria, un apuesto chico se acercaba diariamente a saludarla. siguieron encontrándose en aquella apartada vereda, hasta que ella aceptó sus galanteos y se comprometieron. Fueron novios durante catorce años.
Al contraer matrimonio viajaron a Venezuela. Aquí Zoilo ejerció el oficio de constructor, que había aprendido en España de su padre. La feliz pareja se radicó en Caracas, lugar donde nacerían sus tres hijos, dos varones y una niña, (en cada nacimiento el orgulloso padre le daba a su mujer una joya). Buscando un lugar más tranquilo para vivir y con mayores posibilidades de practicar su oficio, y criar tranquilamente a los hijos, se mudaron a Maracay- El Limón, donde habitaron cómodos y felices, en una vivienda sencilla por varios años.
Aquí nunca le faltó trabajo, mientras Doña Marta, (como todos le decimos) cuidaba de los hijos en el hogar, por otra parte, el señor Zoilo construía importantes obras, y ganaba prestigio con sus impecables construcciones: una farmacia, una clínica, innumerables viviendas…
Los aspectos que quisiera resaltar en esta narración son los siguientes: con cada atardecer, el agotado trabajador llegaba a su hogar con una cuenta de pan bajo el brazo, (como decimos en mi país), para sus hijos y un ramo de de flores para su esposa, quien lo esperaba con la cena preparada.
Por otra parte y de igual importancia, Don Zoilo construyó la casa de sus sueños, tardó tres años en levantarla, pues nunca faltó a su trabajo, sólo dedicaba sus ratos libres para esta importante actividad.
¡Gracias por leer! ¡Hasta pronto!