Llegaste a mi vida en el momento exacto, cuando el caprichoso destino quiso que fueras la ocasión. Llegaste de otras tierras, intangible como el viento, acariciando mi carne, enamorando a las auroras, como cálida brisa en medio de la feroz tormenta, desbordada de ternura, con esa divina ternura que volvió cautiva a mi alma, y yo termine perdido en tu mirada, danzante como luciérnagas entre las hierbas de la noche quieta, atrapado por tus labios repletos de caminos de seda ¡Y mi amor ya no está ciego! ¡Y mi amor ya no siente dolor! ¡Y mi amor ya no llora más! ahora está en calma como el agua serena, como tu apacible figura al final de la senda._
Agradezco a Dios por mostrarme la senda, por permitirme ver en ti las estrellas.
Llegaste de otras tierras, con aras de luz resplandeciente, besando el crepúsculo con ellas, disipando mi tristeza en cada abrazo, trayendo paz contigo en cada suspiro, encendiendo de nuevo las esperanzas, que yacían moribundas en lo más profundo de mi corazón de niño. Abrazaste de infinitos mi perpetua soledad, reescribiste con ecos de pasión, mi frágil concepto de amar. Te aferraste a mis brazos en cada fría madrugada, volviste eterna la esperanza que ahora late cerca, renovaste mi fe como la luna nueva, que ahora me mira orgullosa desde su trono de plata.
Llegaste de otras tierras, para sanar mi corazón hecho pedazos, besando las heridas que me dejó el fatal fracaso, evocaste con tus caricias, mi viejo anhelo hecho pedazos, que ahora gracias a tu infinita dulzura, ha vuelto a estar intacto. Y mi amor ahora impenetrable ya no le teme al desengaño, lo único a lo que le teme ahora, sería a la pérdida de tus labios. Le pido a Dios que no me abandone tu esencia, la impasible calma de tus manos serenas, tu fina luz que se mece como luciérnaga entre las hierbas, tu bendita lealtad que me hace sentir que valió la pena luchar tantas guerras, porque alguien como tu mi amor, solo pudo haber venido de otras tierras.