UN POETA DE TECHO DE GUANO

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Foto: Ecured

Cipriano Sebastián Isidrón Torres (Chanito Isidrón)nace el 26 de septiembre 1903 en Tajadora, Calabazar de Sagua. Es considerado “la voz mayor del humorismo criollo en el repentismo." Falleció en La Habana el 23 de febrero de 1987. Alguien dijo: «su voz se apaga, la poesía crece».


COSAS DE UN GUAJIRO QUE ESTUVO EN LA HABANA

Yo fui a un baile de copete,
a un gran casino habanero
y llevaba mi dinero
en la vaina del machete.
Se formaba el gran sainete
cada vez que iba a «jalar»
el machete «pa» sacar
mi plata tan bien guardada,
que ya por la madrugada
no me dejaban pagar.

Por un drenaje biliar
fui a una clínica a La Habana
y por cierto esa mañana
no podía desayunar.
El doctor me hizo tragar
una manguera «apurao»
y yo le dije «asustao»:
«Doctor, me la siento atrás,
y si empuja un poco más
sale por el otro “lao”.»

Hallé un fotógrafo un día
con su aparato completo
que abajo de un trapo prieto
a retratar se metía.
Yo iba con la suegra mía,
se llamaba Esther Consuegra,
que iba con su saya negra
y el fotógrafo enfocó
y «equivocao» se metió
en la saya de mi suegra.

Vi en La Habana a una criatura
flaquita, que por relleno
se colocaba en el seno
dos chirimoyas maduras.
Luego allá en Monte y Figuras
fuimos a un baile de son
y en el primer apretón
que hube de darle bailando
los dos salimos regando
champola por el salón.

Yo llevé un gato a La Habana
criado en piso de tierra
que abre un huequito y entierra
todo lo que le da gana.
En el hotel, de mañana,
se puso el gato a escarbar
y le dije: «Si al llegar
no buscaste una barreta
el tesoro en la maleta
vas a tener que guardar».

En el parque de Colón
me monté en un carro loco,
y aquella noche por poco
me cortan la digestión.
El maldito socollón
me bailó como un muñeco
pero cuando encontré un hueco
salí gritando, «azorao»:
«¡Otro día, ni “amarrao”
me monto en ese tareco!»

Del corazón se enfermó*
mi mujer, allá en La Habana,
y el médico una mañana
a registrarla empezó.
El vestido le quitó,
saya, blúmer y refajo,
y yo al ver ese relajo
le dije: «No me conviene,
qué va, mi mujer no tiene
el corazón tan abajo».


🌾 Este conjunto de décimas es un ejemplo delicioso de la poesía popular cubana, con su humor criollo, su picardía y su mirada ingenua pero crítica sobre la ciudad. El “poeta de techo de guano” —esa voz campesina que se asoma a la urbe— nos regala un mosaico de anécdotas que, más que simples cuentos, son radiografías de choque cultural entre el campo y la capital.


🎭 Humor y sainete guajiro

La primera décima abre con un baile de copete en un casino habanero. El guajiro guarda su dinero en la vaina del machete, y cada vez que lo intenta sacar se arma el sainete. La imagen es cómica y revela la distancia entre la elegancia urbana y la rusticidad campesina. El machete, símbolo de trabajo y defensa, se convierte en billetera improvisada.


🩺 La clínica y el drenaje biliar

La segunda décima es un retrato de humor corporal. El guajiro, sometido a un procedimiento médico, exagera la incomodidad con un comentario pícaro: “Doctor, me la siento atrás, y si empuja un poco más sale por el otro ‘lao’.” Aquí la risa surge de la literalidad campesina frente a la solemnidad médica.


📸 El fotógrafo y la suegra

La tercera décima juega con el equívoco visual: el fotógrafo bajo el trapo negro, la suegra con saya oscura, y el error de “meterse” en la tela equivocada. Es humor de situación, donde la ingenuidad del narrador convierte lo cotidiano en sainete.


🍈 Chirimoyas en el seno

La cuarta décima es puro humor corporal y sexual. La mujer que rellena su busto con frutas y el baile que termina regando champola por el salón. Es sátira de la vanidad urbana, vista con ojos campesinos que no perdonan la farsa.


🐈 El gato campesino en el hotel

La quinta décima introduce al animal como personaje. El gato, acostumbrado a enterrar en tierra, escarba en el piso del hotel. El guajiro le advierte que, si no encuentra barreta, tendrá que guardar el tesoro en la maleta. Es humor de contraste: la costumbre rural frente al artificio urbano.


🚋 El carro loco del parque Colón

La sexta décima es un retrato de la modernidad urbana como amenaza. El carro loco sacude al guajiro como muñeco y lo deja “azorao”. La experiencia tecnológica se convierte en trauma cómico.


❤️ El médico y la mujer

La última décima mezcla pudor y picardía. El médico desnuda a la mujer para examinarla, y el guajiro protesta: “Mi mujer no tiene el corazón tan abajo.” Es humor de doble sentido, donde la ingenuidad campesina se cruza con la insinuación sexual.


🌟 Poesía de techo de guano

Estas décimas son un festín de humor popular. El guajiro que visita La Habana se convierte en espejo de la ciudad: cada experiencia urbana es reinterpretada con lógica campesina, generando situaciones absurdas y cómicas. El “techo de guano” no es solo origen rural, es también estilo: directo, pícaro, sin solemnidad.

La obra se disfruta porque rescata la tradición oral, la décima como vehículo de sátira y choteo, y la mirada ingenua que desnuda las pretensiones de la ciudad. Es poesía que ríe, que critica y que celebra la identidad cubana en su contraste entre campo y urbe.


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