Procura que el niño que fuiste…

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La frase completa que da título a estas líneas: “Procura que el niño que fuiste no se avergüence del adulto que eres” era algo que repetía Jesús en ocasiones. Esta semana cargada de actualidad, como siempre, y de cifras de pandemia como hace ya muchos meses, se ha muerto Maradona y se han cumplido cinco años de la muerte de Jesús Hermida, con quien tanto aprendí de televisión y de contar historias por el micrófono: -Un periodista es un contador de historias, Domito -me llamaba así con cierta ironía -, y como siempre decía también, las historias hay que contarlas con pasión. Aunque sean historias a veces duras o intrascendentes y estúpidas de un mundo imperfecto como el nuestro, y aunque esas historias nos duelan o alejen de nuestros sueños...

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Maradona

Conocí a Jesús Hermida en 1990 gracias a la intermediación de mi compañera Ana Carvajal, quien se presentó a una prueba de televisión junto a centenares de jóvenes españoles que soñaban con trabajar con quien era el gran comunicador de la televisión en España, con fama de descubridor de talentos. Fue Ana quien le habló de mí. Cuando Jesús me llamó por teléfono a Canal Sur (yo hacía uno de los primeros programas de radio que se hicieron en esta casa) pensé que era mi compañero periodista Antonio de la Torre imitándole, algo que se le daba muy bien, una cualidad que ya apuntaba al importantísimo actor que luego sería Antonio -que hoy es- Aquel programa de Hermida que me llevó a vivir a Madrid, que duraba varias horas y hacíamos en directo para toda España, aquel programa donde pasaban tantas cosas fruto de la imaginación y el trabajo concienzudo; haber sido presentador en aquel Programa de Hermida que se emitía cada sábado y cada domingo desde la sobremesa hasta el informativo de la noche en la recién inaugurada Antena 3 Televisión…, todavía hoy me parece un sueño, aunque sea uno de esos que sí fueron pero sueños son.


Hermida recuerda Andalucía

Cinco años han pasado esta semana de la muerte del onubense Jesús Hermida y quizá han pasado algunos años más del letargo en que ha quedado su manera de hacer televisión. Una televisión que se apoyaba en la calidad del entretenimiento, en el sentido de la responsabilidad y en el respeto al espectador y a la intimidad de los invitados. Años después de aquel trabajo juntos, cuando yo presentaba “Como en Casa”, uno de los primeros magacines diarios de la Televisión Andaluza, los compañeros me dieron una sorpresa diciéndome que mirara a la pantalla y allí, llenándola como nadie la ha llenado nunca, estaba él:

Gracias siempre, Jesús, por aquella oportunidad y el recuerdo imborrable de nuestras conversaciones, a veces discusiones, y, sobre todo, de tu amistad… En Madrid recordaba el mar de mi tierra andaluza cuando paseaba al anochecer por Pintor Rosales, lo imaginaba en la oscuridad de la casa de campo al fondo. Ahora, cuando camino por la playa, a veces, me acuerdo de cómo lo recordaba y me parece caminar de nuevo por la Castellana para coger el autobús en Plaza de Castilla y bajarme en San Sebastián de los Reyes y entrar por aquella puerta de la tele y saludarte como algunas mañanas, Jesús, Viva Huelva y Viva Málaga y la playa llora aunque todo se lo llevan las olas. Porque las historias hay que contarlas con emoción, sí, y eso es lo que conlleva la noticia que esta semana nos ha impactado incluso a los que no entendíamos muy bien por qué. La muerte de Maradona. Mirar en ese documental a aquel niño pobre que fue Diego Armando, jugando a la pelota en el barro y diciendo que soñaba con jugar en un mundial y que luego jugase el mundial y muchas cosas más, gol a Inglaterra y mano de Dios incluida, explica por qué tantas personas en todo el mundo creían cuando veían a Maradona jugar que también sus sueños podrían cumplirse algún día. Y por eso, pese al poco ejemplar ser humano en que terminó convertido Diego Armando, mafia napolitana, dinero sobrado y droga de por medio, los hinchas vieron, vimos, en él únicamente y una y otra vez al niño que soñaba cumpliendo su sueño y parte de los nuestros.


Maradona cantando La mano de Dios

Si Hermida y Maradona, si Jesús y Diego, se hubiesen encontrado una tarde de charla Jesús le hubiese soltado, como a mí, la frase con la que yo iniciaba estas primeras líneas del programa de hoy: Diego Armando, procura que el niño que fuiste no se avergüence de la persona adulta que eres… pero Quizá Fontanarrosa, el gran cuentista argentino, y si es verdad que fue él quien dijo la frase, explicó mejor que nadie su pasión por Maradona frente a quienes le censuraron alguna vez que tuviera pasión por aquel muñeco roto y poco presentable como ciudadano en el día a día. -Qué me importa lo que Diego hizo con su vida, me importa lo que hizo con la mía…
Descanse en paz el hombre y que no se olvide la mano de Dios

© Domi del Postigo / www.domidelpostigo.es

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