También coristas, gente del conjunto, ciudadanía de base, que no premios nobel ni famosos sudados de supervivientes televisivos amarillos y rosa, son protagonistas, sin embargo, de noticias aparentemente pequeñas esta semana que, sin embargo, encierran asuntos de primer orden. Sin salirnos del diario La Opinión de Málaga, por ejemplo, en el sur de España, la noticia informaba de que la policía detenía a cinco personas por “contratar” a un gorrilla (un aparca coches ilegal) para que robara coches. O mejor, para que reventara la luna de una de las ventanillas de vehículos de discapacitados y les sustrajera la tarjeta que permite el aparcamiento en los espacios reservados.
Zona de aparcamiento reservada a discapacitados
El personajillo en cuestión, comerciante españolito perteneciente a la línea del coro más desafinado, se hizo con varias tarjetas por este método para él y miembros de su clan. Dos coristas merecen aquí un plano corto: el gorrilla, o mejor, el hecho de hayamos inventado ese palabro para normalizar la locura de que personas en circunstancias sociales y humanas penosas te cobren un euro por “ayudarte” a aparcar tu coche. Y las personas que (robadas o prestadas por algún familiar con discapacidad) se aprovechan de la necesaria discriminación positiva para quienes necesitan la reserva mínima de esos espacios en su propio beneficio, riéndose así de la discapacidad y del solidario consenso ciudadano que sí acepta y respeta los espacios establecidos. Minusválidos morales.
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