Carolina, ponía los puntos sobre las íes de las palabras “coronavirus COVID-19” ante las cámaras de los reporteros de televisión en España que se arremolinaban a las puertas de la madrileña residencia de ancianos La Paz, para recoger las pertenencias de su madre fallecida en el hospital Gregorio Marañón.
Con preocupado sentido común decía que en el certificado de defunción de su madre, cuyas pertenencias no la dejaban recoger ya que no podía entrar en el edificio según el protocolo sanitario, ponía coronavirus. La anciana se hospitalizó el domingo 01 de marzo pasado con fiebre de días. “Empecé a mosquearme y pedí a los de la residencia que llamaran a una ambulancia”. La mujer murió el martes. A Carolina no le dieron ninguna indicación de ningún tipo. “¡Claro que la besamos y la abrazamos! Se había muerto y nadie me dijo que tenía el virus. Nos ha tosido encima, la hemos dado de comer y nadie me dijo que me protegiera” Carolina es asmática y cuando tose no sabe si es por el asma o por el virus. Pues ya está. Suficiente para reflexionar, ¿no?...
Una mujer contagiando sentido común
Y otra advertencia. El coronavirus no debe ser asunto del poderoso caballero. A ver si se entera Don Dinero. Suspender o no algo con el virus en el aire, sólo por el dinero que se pueda perder no es profiláctico. Eso era el Tiburón de Spielberg. Como tampoco los virus deben ser moneda de cambio partidista. Asistir aburridos a cómo un ministerio se pelea con otro buscando cacho en el gobierno de Sánchez, ya es para echarse las manos a los bolsillos. Pero comprobar que esto también ha sucedido con el coronavirus entre la morada ministra de trabajo - por sus directrices de ida y vuelta en los centros de trabajo- y el socialista ministro de Sanidad, es para echárselas a la cabeza y darse un cogotazo. Por no dárselo a quienes de verdad lo merecen…
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