Desde pequeño siempre dije que yo quería ser Veterinario. Mis padres me cuentan que yo agarraba los sapos, ranas, insectos y peces siempre y los revisaba y los cuidaba. A medida que fui creciendo mi abuelo nos llevaba de viaje para una pequeña finca que tenía y yo sentía la necesidad de ayuda al veterinario que revisaba a los animales de la finca (vacas, caballos, perros). Luego de graduarme en el liceo en el año 1989, mientas mis compañeros de estudio disfrutaban de la fiesta de graduación, yo estaba en la facultad de Ciencias Veterinarias de la UCV presentando la prueba interna ya que por el CNU comenzaría en el año 1991 y pensé en la oportunidad de iniciar en 1990, como realmente ocurrió. Cuando comencé mis estudios tenía cierto temor por el hecho de separarme de mis padres con apenas 17 años, pero mis deseos de ser Veterinario podían más que cualquier temor. A medida que fue conociendo mi futura profesión me dí cuenta que es una de las profesiones mas nobles del mundo porque no solo genera alimentos para la humanidad, sino que permite cuidar de los animales de compañía, fauna silvestre y nuestra salud pública. Estoy convencido que no me equivoqué de profesión y adoro el contacto con los animales sobre todo la oportunidad que me brinda el trabajar en una finca de tener un contacto pleno con la naturaleza.
Para los que lean esta historia, quiero decirles que es el testimonio de alguien que les puede asegurar que cuando queremos algo o tenemos un sueño, podemos materializarlo con esfuerzo, dedicación y constancia.