Desde que era niña dibujaba, y tal era mi entusiasmo que mis padres decidieron inscribirme en un curso de dibujo en una casita que dictaba otros talleres artísticos. Y así mientras mi mamá aprendía a pintar cerámica y tela, yo experimentaba y combinar colores para crear dimensiones en los dibujos. Al poco tiempo, y aún a corta edad vi que mi profesor no cumplía con mis expectativas y decidí simplemente dejar de asistir a clases, pero nunca deje de dibujar y de busca referencias o ilustraciones que me sirvieran de guía para hacer otros personajes.
Ya en mi adolescencia al ser algo tímida y al no tener nada que hacer en las horas libres de clase, siempre llevaba un cuaderno en el que dibujaba cualquier clase de bocetos algo extraños para muchos. Y de hecho desplace el dibujo durante un tiempo para concentrarme en otras cosas. Sin embargo trataba de dibujar siempre, incluso cuando la única excusa fuese las láminas de alguna exposición, y eso fue aumentando. Llegué a vender dibujos y a cobrar por dibujar, pero no considero que tenga un estilo en particular para ejemplificar mis creaciones.
Cuando estaba en la universidad dejé de dibujar por varias razones y como mi carrera no tenia mucho que ver me desligue por completo del dibujo, hasta que conocí a quien actualmente es mi novio que también es dibujante y me motivo a hacer mas dibujos y a hacer retos con él. Aprendí que el dibujo no tiene que ser perfecto, pero puede mejorarse y buscar de encontrar la técnica mas apropiada para cada quien, que es arte, una terapia, una habilidad que si te gusta y te dedicas a ello puede convertirse en algo majestuoso, yo aun emprendo ese camino cada vez que tomo el lápiz, y hago un boceto, aun debo mejorar pero para eso esta la practica. ¿Cierto?