El paso de los años nos convierte en portadores de experiencias que podrían ser valiosas. Es una dimensión de la vida en la que la mayoría entrará algún día. Hay reveses, miedos y quejas, pero también hay resistencia y valor, que reportan una serena satisfacción con la vida.
Caminaba un anciano por el bosque cuando escuchó a sus pies una débil voz. Se agacho y descubrió que quien le hablaba era una rana:
- Soy una princesa hermosa y sensual, diestra en todos los placeres de la carne y el amor. La reina mala me convirtió en rana, pero si me das un beso volveré a ser quien era y te daré todos los goces que mi voluptuosa índole y mi ardiente concupiscencia pueden producir.
El anciano levanto la rana y se a echo al bolsillo. Confundida la rana asomo la cabeza y le pregunto por qué no la besaba: - A mi edad, respondió en anciano, es más divertido tener una rana que habla que una maniática sexual.
Todos estamos matriculados en la escuela de la vida, donde el maestro es el tiempo. La vida solo puede ser comprendida mirando hacia atrás. Pero solo puede ser vivida mirando hacia adelante. En la juventud aprendemos con la edad comprendemos.