Sabés qué es lo más difícil de la paciencia? Que no es pasiva. No es solo esperar que las cosas pasen. Es activa. Es levantarte cada día y seguir haciendo lo que tenés que hacer aunque no veas resultados todavía.
La gente piensa que tener paciencia es como esperar el colectivo. Te sentás, mirás el celular, y cuando llega te subís. Pero la paciencia de la que habla la Biblia no es así. Es más como sembrar. Plantás la semilla, la regás, la cuidás, y esperás. Pero mientras esperás, no te quedás mirando el cielo. Seguís trabajando.
Pablo le decía a los Gálatas: no te canses de hacer el bien. Porque a su debido tiempo, si no te rendís, vas a cosechar. Eso es paciencia activa. Es seguir plantando aunque todavía no veas ni un brote.
No nos cansemos de hacer el bien, porque a su debido tiempo cosecharemos si no nos desanimamos.
Gálatas 6:9
A veces queremos resultados ya. Oramos hoy y queremos la respuesta mañana. Sembramos hoy y queremos cosechar la semana que viene. Pero Dios no trabaja así. El trabaja en procesos. Y el proceso tiene su tiempo.
Lo que pasa es que en el mientras tanto, se nos hace difícil. Porque no vemos, no sentimos, no entendemos. Y ahí es donde la fe entra. Porque fe es justamente eso: estar seguro de lo que esperás, convencido de lo que todavía no ves.
Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.
Hebreos 11:1
Así que si hoy estás esperando una respuesta, una sanidad, una provisión, no te desanimes. Seguí haciendo lo correcto. Seguí orando. Seguí confiando. La cosecha va a llegar.
No en tu tiempo, sino en el de Dios. Que siempre es perfecto.
Muchas Gracias por compartir esta lectura, deseo que el Espíritu Santo de Dios traiga revelación de su palabra a nuestras vidas.