Ayer mientras caminaba por mi pequeña ciudad, luego de hacer unas compras (gasté tanto pero lleve tan poco, ese es nuestro pan de cada día) vi a un señor muy mayor, podría ser mi padre, aseado y muy bien vestido pero ya casi no podía caminar. Yo había comprado unos panes, tenía dos días queriendo llevar a casa pero nunca llegaban a su destino, no podía evitar darle a los niños y a cuanta persona me pidiera por el camino.
El señor, caminaba con la mirada fija al suelo, como quién busca algo que se le ha perdido, se agachó y recogió de la zanja una semilla de mango (la fruta con la que ha sobrevivido una gran parte de la población Venezolana) yo pensé que la había recogido para cualquier cosa menos para lo que vieron mis ojos, era para comérsela, sentí en ese momento tantas cosas juntas, una impotencia y una tristeza enorme, me quedé fría sin poder pronunciar una palabra, ni moverme, mirando lo que acababa de suceder, el siguió caminando y un muchacho iba comiendo un pan, le pidió pero no le dió, lo ignoró.
Yo reaccioné tarde pero lo seguí y le di uno de los panes que había comprado, el señor me miró con unos ojos que jamás voy a olvidar y me dió las gracias mas sinceras de este mundo. Es realmente triste tener que mirar cosas como estas, es triste por lo que estan pasando nuestros viejitos, nuestros niños, triste e injusto.