Sin recordar cuando paso, me quedo dormido y me levanto a la hora que coloque el despertador con un cansancio mas de lo normal, al llegar al baño me miro al espejo y me dan ganas de reír pero detengo esa acción en seco, “reírse de sí mismo, pensé, es como una maldad psicológica, era como escupir en mi propia cara”.
Esté día tenía que sacar todo mi ingenio y hacer todas mis tareas que consisten en producir dinero de manera honrada, eso me hacía sentir una motivación comparado con la supervivencia física, sino produzco me consideraba un incapaz, para no sentirme así tenia que lidiar con dos cosas, el ambiente que me rodeada y mi propia conciencia o poder de pensamiento.
Al terminar de hacer todas mis diligencias caseras para salir a la calle, me encuentro con Ralf un veterinario un poco atolondrado, ganaba bien pero vivía contaminado por los agentes externos, la ciudad, la gente, le decía que es mejor vivir para uno mismo y no para los demás, pero él tena un sentido de Altruismo muy elevado, era feliz pero al mismo tiempo no, yo no era feliz en lo absoluto; mi felicidad no consistía en las cosas materiales de este mundo.
Ralf me cuenta que el transporte esta difícil por algunas reparaciones a las vías principales debido a un temblor ocurrido hace poco, y le pregunto cual sería la mejor manera de poder llegar a mi trabajo, el me responde que alquilando alguna bicicleta, y me señala una dirección más o menos a distancia donde podría alquilarme una, al llegar al sitio veo un letrero, cartel, aviso no logre distinguir que era, pero solo logre distinguir una cosa, un nombre y un mensaje: “Emmanuel Kant el verdadero filosofo”; el tipo que empezó a construir premisas lógicas sobre negativos, tenía que erradicar ese monstruo destructor del mundo moderno, agarre el cartel y lo destruí, el Sr. dueño del local de bicicletas llamo a la policía y pensé que estoy muy cerca de no cumplir con mis tareas diarias, así que me voy corriendo sintiendo que ya había hecho el día con esa acción.