Tras la caída de la noche y la agradable calidez de la fogata, mis sentidos se fueron entregando lentamente ante el deseo de dormir, la tranquilidad que concebía el momento era tan reconfortante que quería consumar unas extraordinarias horas de descanso, lo cual fue justamente lo que fui hacer en mi pequeño espacio.
Luego en la mañana, despierto con mi acostumbrado agradecimiento a “Dios” por la oportunidad que nos brinda cada día y especialmente por levantarme con la frescura del entorno, el canto multi-melódico de las aves y el agradable transcurrir del río. Al salir, veo a dos (2) amigos conversando en la cercanía de la fogata, entre ellos el “guía”, les saludo con un enérgico “buenos días” y lo primero que me dicen es que “tenemos que aprovechar la mañana”, me explican que al subir nos habíamos tardado alrededor de una siete (7) horas, lo cual necesitaríamos al menos unas cinco (5) para bajar si queríamos estar de vuelta en la ciudad de día, poniéndose entonces el límite de salida a las doce [12:00] pm del medio día.
Sin tiempo que perder, el “guía” nos hace la cordial invitación de “llegar a la cima”, cosa que desconocía se podía seguir haciendo, dijo que cuando mucho nos tomaría unos diez (10) minutos, el cual me pareció un calentamiento ideal para preparar los músculos. Lo intrigante de todo es que mientras fui a buscar unos zapatos y una franela dijo que “no podíamos irnos sin antes verlo”.
Preparados y con un poco de curiosidad, fuimos caminando hacia el extremo derecho de nuestro pozo anfitrión, ahí se encontraba un imperceptible acceso para seguir subiendo, lo que no sabíamos era que, al llegar al nivel superior, se encontraba un tronco caído que nos obstaculizaba el paso, de modo que surgieron dos (2) opciones, o pasábamos por debajo llenándonos de mucho barro o subíamos con el riesgo de caer pasándole por encima, así que sin dudarlo, nos apoyamos y cruzamos con éxito por arriba, obteniendo un resultado de la vista de un nuevo y hermoso pozo, éste lucía como una autentica piscina celestial, además de contar con varias mini cascadas, parecía perfecto para una ocasión de amor verdadero, definitivamente este era mejor que el anterior, solo que no tenía un espacio para acampar, seguido el guía nos dice “cálmense” que “esto no fue lo que venimos a ver”.
Seguimos y cruzamos a través de unas enormes rocas, mientras se incrementaba el sonido de impacto de una fuerte caída de agua, a unos pocos pasos, algo alejados y desde un lateral izquierdo, presenciamos la caída de agua más alta que he visto en mi vida, se trataba de la “cascada del norte”, un espectáculo indescriptible de descenso de agua que mantiene sus micropartículas suspendidas en el aire, en ese momento extendí mis brazos celebrando la gloria y afirmé que la conquista era un hecho.
Pero no nos podíamos ir de ahí sin antes bañarnos en sus aguas, así que nos acercamos cuidadosamente, ya que el equivalente de belleza también lo tenía de peligrosa, la superficie del piso y las paredes eran compuesta por roca lisa, resbalarse representaba una posible calamidad, pero no necesariamente por la caída, sino porque la corriente concentraba toda la salida de agua en un canal que terminaba cayendo sobre otras piedras en posición de vertical.
Busqué el ángulo más seguro que me pareció para entrar y de forma inesperada observé la silueta del reptil más grande y mortífero de la actualidad, el “cocodrilo”. Pasmado, alcé mi voz con fuerza, advirtiéndole a mis amigos, la presencia del presunto animal, les digo que “vean al interior del agua” para que visualicen su enorme figura. Luego la pregunta que nos hicimos era “como pudo llegar hasta allí”, analizando el esfuerzo que había sido para nosotros.
Entonces intentamos hacerlo mover, arrojándole las pocas piedras que encontramos sin obtener algún resultado, el “guía” trae una rama de largo alcance y con cautela logra hacer el contacto, dice que al parecer “no es lo que pensábamos” que a pesar de que no lo podíamos identificar con claridad, es posible que la agitación constante de agua halla arrastrado desde lo alto grandes pedazos de corteza de árbol formando ese efecto visual, asumiendo la posibilidad, entra al agua y lo agita con la rama para dispersarla.
Al comprobar su teoría, entramos libre de preocupación, cuando de pronto bajo el cumulo de corteza de árbol, se libera una intensa “luz verde” que cautiva nuestra total atención, mirándonos las caras con incertidumbre, ocurre frente a nosotros otro insólito fenómeno, una formación de luz superior se nos aproxima desde lo lejos del cielo, trayendo consigo un prisma multicolor sobre la cascada, altera su tamaño original hasta que cambia a una versión más pequeña y reservada.
Estos últimos eventos nos dejaron las siguientes interrogantes:
¿Fuimos invitados a cruzar una puerta dimensional?
¿Nos indicaron la riqueza de diminutos seres del bosque?
¿Qué cosa habrá sido la luz verde?
Fin.
Muchas gracias por acompañarme hasta este último capitulo
Espero lo hayas disfrutado
Nos vemos en el próximo post