Las manecillas cada vez más lentas
aún me falta tu presencia
día y noche retumbas en mi cabeza,
congelado y sin conciencia esperando que amanezca.
La comida servida en la mesa
me siento en sala de espera
con un café a las 3:30 pensando en nuestras quimeras.
Me dicen que no me preocupe, que quizá mañana despiertes
pero nada de lo que que digan me quitará el miedo de perderte,
y aunque lo nuestro sea tan fuerte
recuerda que cuando el verano azota también se lleva lo verde.
No sé cuál será mi suerte,
cada vez que el tic-toc suena veo más cerca la muerte.
¡GRACIAS!