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El amor de Cristo calienta nuestras almas.
Y luego, agarrando sus manos bajo la lluvia,
No perdería su sabiduría...
Y los cíclopes decoran un solo ojo.
El amor de Cristo calienta nuestras almas.
Y luego, agarrando sus manos bajo la lluvia,
No perdería su sabiduría...
Y los cíclopes decoran un solo ojo.