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Hoy me senté aquí, con los pies hundidos en la arena y el sonido del mar acariciando todo a mi alrededor. No necesitaba nada más. Este lugar tiene algo que me reinicia, que me hace respirar más profundo y sonreír sin motivo.
El sol me abraza despacito, y por dentro me siento tan ligera como la brisa que pasa. No estoy pensando en lo que falta, sino agradeciendo lo que está. Me miro y me reconozco… fuerte, libre y serena. A veces, eso es todo lo que una necesita: un momento para escucharse entre el murmullo de las olas.