Confesiones de una mujer que ha vivido: El día que acepté quién era, fue el día más genuinamente feliz de mi vida
Si estamos en esta comunidad, básicamente, estamos de acuerdo en varias cosas. La primera, que somos mujeres y que nuestro hermoso género y sexo es increíblemente mágico, fabuloso y sustancial. Y dos, que nuestros pensamientos, características y reflexiones en múltiples modos se comparten en un nicho que tiene como meta la diversidad de pensamientos que una mujer puede experimentar, sostener y mantener durante toda la vida. Es más, creo que este precioso experimento social, que es HIVE y que también es Womentribe va dirigido en ese sentido. Digo, sin el toque humano, ¿qué trascendencia realmente tenemos? En mi opinión, ninguna.
En este sentido, estas líneas van dirigidas hacia allí. Confesiones de etapas de mi vida. Donde cometí errores terribles, pero donde también experimenté las mejores sensaciones que haya podido vivir, jamás. Y este cóctel algo dicotómico es de lo que va la vida también. En mi opinión, no se trata de buenos ni malos, ni de salvajismos o puritanismos. Ya el mundo es lo suficiente cruel con nosotras, como para que encima de todo eso, nosotras mismas seamos detestables y poco empáticas, ¿no creen?
Un ejemplo maravilloso, poético y sumamente femenino que encuentro para mostrarles es la anécdota de la mismísima creadora original de Sailor Moon. Esta talentosa e increíble artista, de niña y adoslecente tuvo experiencias horribles. Donde la soledad y la ausencia de calor humano la marcó de tal modo. Que en sus ratos libres, lo único que hacía era imaginar cómo sería el mundo si las cosas resultasen de un modo totalmente diferente. Es decir, donde su rutina no pasara por superar los trastoques viles del bullying sino que sus días estuviesen rodeados del calor de la amistad y de la bondad...
Este simple ejercicio mental, dio como resultado (ya de adulta, tristemente...) un manga, que tiempo después sería una serie de típico anime Shonen; Sailor Moon. Y en esencia, ¿qué nos cuenta la serie? Pues, el trajín de un grupo de amigas que juntas se enfrentan ante toda la maldad y los desafíos. Que si bien pueden ser tremendamente asustadizos y peligrosos, todo se resuelve a través del valor de la amistad y del apoyo entre todas... Pero, ¿qué quiero decir, exactamente? En mi opinión, en que este caso no es aislado ni único. Nosotras no tenemos permitido el mero hecho de vivir.
Pueden decir cualquier cosa que se les venga a la mente, pero lo que no pueden negar es que el mundo es tremendamente severo, cruel y sobre todo cínico al momento de juzgar nuestros actos como humanos... Una mujer, y hablaré de mí, que desea experimentar su sexualidad y vivir como lo haría cualquier mortal, desde siempre se tuvo que debatir entre las normas morales de una sociedad que corrupta e inescrupulosamente alberga algunas cosas como "positivas" (machismo, tolerancia al abandono de los hijos por parte de los hombres, y poca compasión en líneas generales) que una mujer, aparentemente, decida practicar la igualdad; puede molestar (y mucho...)
Ahora bien, este post tampoco trata sobre la desigualdades ni acerca de lo malo que es tal y lo bueno que es tal otro. Esto es sobre vivir, sobre saber pensar y actuar, pero también acerca de lo que se siente bien. Que en mi caso ha sido ser quién realmente soy. Quienes me hayan leído anteriormente, seguramente sabrán que he sido una mujer que por más de 28 años vivió en la sombra de la culpa. Y créanme cuando les digo, que nada destruye más que cuando crees que todo lo que hagas en esta vida, será algo "malvado", "horrible" y "deshonroso". En el fondo, esos adjetivos, lo único que traen consigo es mucha envidia... Sí, de aquello que no se atrevieron a vivir...
Lo normal sería que yo supiera odiar y que retuviera rencor en mi corazón por aquellos que tan salvaje e inhumanamente gozaron haciéndome daño. Y no, no es un victimismo, es real y me costó mucho aprender a dimensionar. Me alegra y me hace sentir orgullosa de mí misma, darme cuenta que los sentimientos negativos no han hecho mella en mí. Amé, viví, sufrí, gocé, sentí, y lo seguiré haciendo durante los años que esté bajo la sombra del Sol. Mi meta, o al menos, una de ella, es enseñarle a mi bebita hermosa de 8 años (porque, ¡hey, sí, soy madre también!) el verdadero valor de la valentía, la autenticidad y la individualidad.
Soy quien soy, alguien que ama vivir, que no reprime su naturaleza salvaje y artística, y que desea experimentar las bondades de un mundo que creía frío, distante y brutal; pero que en realidad puede (y ha sido) hermoso. Soy quien soy, y amo lo que eso significa. Confieso haber vivido y disfrutado, como también sufrido, pero me concentro en lo que me suma y que también me enseña. No espero ser guía espiritual de nadie; así como tampoco ser percibida como alguien pretenciosa o dañina. Sólo deseo aceptar un reto precioso y darle mi toque; el único que considero que puedo opinar. Gracias por leer, a quien sea que me lea.