Esta vitamina ayuda al cuerpo a absorber el calcio, el cual durante la infancia se requiere para desarrollar los huesos. Está presente de manera natural en muy pocos alimentos, algunos son el atún y el salmón, y en menores cantidades en el hígado de res, el queso y las yemas de huevo. En ocasiones se adiciona a alimentos como leche, bebidas de soya o jugo de naranja. Su deficiencia puede traer consecuencias a la salud como osteoporosis en los adultos y raquitismo en los niños. Esta vitamina también es usada por los nervios para transmitir mensajes entre el cerebro y cada parte del cuerpo; por el sistema inmunitario para combatir los virus, y es necesaria en los músculos para el movimiento. De acuerdo con el Instituto Nacional de Cáncer de Estados Unidos, hay una hipótesis que relaciona las altas concentraciones de vitamina D con índices más bajos de incidencia o de mortalidad por cáncer; pero la investigación respecto a este tema sigue en curso.
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