¿Pero qué ocurre cuando lo que se pierde es un país?
Como en todo duelo se cumplen etapas y una a una las hemos ido cubriendo:
Etapa de negación:
“No, eso no nos va a pasar a nosotros”, “yo no creo”, “esto no puede estar ocurriendo”. Fueron algunas de las expresiones que se escucharon cada vez que se avecinaba una tormenta, cierta incredulidad por lo insólito de cada evento se iba diluyendo ante la realidad.
Etapa de enfado, indiferencia o ira:
Ver al venezolano comportándose de manera insolente ante las situaciones que se vivían era y es lo recurrente. No hay cuerpo que lo resista.
Etapa de negociación:
“No hay mal que dure cien años”, “esto pasará”, “Dios meterá su mano y saldremos adelante”.
Etapa de dolor emocional o depresión:
Cada quien “conoce la gotera de su casa”, expresión que se utiliza para mostrar cómo cada persona lleva un conjunto de desdichas a cuestas. La tristeza es evidente, aunque se repita mil veces “a mal tiempo buena cara”, a cada momento surgen situaciones que derrumban al más fuerte. El no poder hacer un funeral decente, asistir o acompañar a un amigo o familiar en su dolor es algo que se ha vuelto común y oprime los corazones.
Etapa de aceptación:
“Así están las cosas”, “esta es la nueva Venezuela”, “tenemos que seguir luchando para salir adelante”, son expresiones que con mucha frecuencia escuchamos y decimos para poder enfrentar la paliza diaria.
Esto es un ejercicio de fuerza y resistencia, no sé qué etapa sea esa en el duelo, lo que sí sé es que resistiremos y saldremos airosos y con una manera de pensar muy diferente a la que mantuvimos por mucho tiempo.
“Mañana será otro día, amanecerá y veremos”