Hoy cuando todos desean una feliz navidad, yo quiero proponer un ejercicio a los amigos venezolanos que participan en Steemit, se trata de lo siguiente:
Por donde quiera que nos movamos vamos a conseguir quejas y lamentos, muy justificados por supuesto. No quiero pecar de ingenuidad, ni mucho menos faltar el respeto, este año ha sido duro, pero estamos rodeados de niños y estamos obligados a brindarles un entorno mejor.
Solo quisiera hacer un ejercicio, buscar en este año que pronto terminará, aquellos eventos que nos llevaron a dar las gracias, porque como he escrito antes ¿qué tal si lo que no agradeces hoy no lo tuvieras mañana?.
Me quiero referir a aquellas alegrías por pequeñas que sean que quitaron una nube gris de tu frente y te pusieron en el rostro una gran sonrisa, como cuando tu amiga se apareció en tu casa con un envoltorio y pequeños paqueticos, uno con café, otro con azúcar, un pedacito de torta hecho por ella misma que compartieron e hicieron olvidar la realidad verdadera.
Algo así como la vez que creías no tener dinero y te encontraste un billete en buen estado en un pantalón que hacía tiempo no usabas. O cuando te informaron que la amiga que tenía cáncer había vencido la enfermedad. Cuando supiste de alguien que no podía tener bebés y estaba, por fin, felizmente embarazada. Cuando te regalaron esa mascota que ahora ocupa parte de tu vida.
Quizás pienses que algunas son alegrías efímeras o como decía mi mamá “alegría de tísico” o que es una satisfacción que te traerá una complicación más adelante, pero tratemos de darle la vuelta, de no ver por lo menos durante la realización del ejercicio sino solamente la parte buena, la de la emoción inicial, el regocijo y bienestar que se produjeron en ese momento.
Recuerdo el debate de una joven con su mamá acerca del hecho de que ahora tener agua o gas se celebraba como algo muy grandioso cuando debía ser parte de la vida normal. Sí que es anormal eso y si me pongo a detallar me iré por el hueco que estoy intentando evadir, aferrada con las uñas a la orilla porque no quiero caer, porque todos sabemos lo realmente difícil que es salir de una tristeza.
El ejercicio que les propongo a partir de esta noche es para convencer a nuestro cerebro de que estamos felices a través de recuerdos de situaciones afortunadas que nos produzcan risas, nos ablanden el rostro, nos quiten el ceño fruncido y nuestros niños guarden esta experiencia y la evoquen en un futuro como una buena navidad porque hubo risas y alegrías en su entorno.
Por ellos, por los niños que merecen esa energía bonita. Ellos no son responsables del momento que vivimos y la navidad es de ellos. Recordemos nuestra propia niñez y el efecto que nos produjo el rostro huraño, la respuesta agría de algún adulto con los que convivíamos y el temor o la tristeza que eso nos produjo.
Entonces amigos venezolanos, les propongo que hagamos de tripas de corazones y sigamos adelante forjando un futuro mejor porque nuestros niños lo necesitan. Segura estoy que al comenzar a aplicarlo la lista será grande, no hace falta que me cuenten por aquí, pero si lo hicieran estaría muy satisfecha.
Una pequeña alegría más otra pequeña alegría y se va llenando el saco cada día. Por los niños vale la pena intentarlo.
Les dejo este retrato que hice de mi nieta hace dos años, una niña que alegra mis momentos.