Destilaban pensamientos muertos en su mente, tan utópicos, tan irreales, tan psicópatas. Sonaba un tango como cortina para la ocasión, y gotas saladas descendían por el rostro que un día fue acariciado. Perecieron las ganas de buscarlo otra vez porque él estaba ocupado con alguien más. ¡Joder! Que mujer tan terca.