Me enternece el silencio del domingo,
cuando todo está hecho
y habita una extraña paz, soñolienta,
pegajosa, como esa pausa inquieta
que ni se queda ni se marcha.
La inercia del cambio de estación
si todavía confiados
nos agarra el frio, la lluvia.
Me enternecen las luces de navidad,
y las cenas rodeada de familia,
así como se enternecen los niños
observando las nubes o los peces.
Aquí estoy,
bajo la música y el piano,
por primera vez nula de expectativas,
dejando que mis manos se adapten
a esta nueva textura
ubicando las notas;
llena de admiración y entusiasmo,
igual que una niña otra vez,
enternecida.
La imágen es de mi propiedad, tomada y editada por mi desde mi móvil Samsung A10 S