Hoy, en Venezuela se vive una de las mayores crisis en nuestra historia. En todos los ámbitos percibimos el daño. El sostenimiento vital básico se ha convertido en una carrera para lograr la supervivencia y no se percibe una verdadera voluntad de alcanzar el bien común, en quienes les ha correspondido la labor-mejor dicho, el servicio- de hacer cabeza, bien sea por incapacidad o intereses egoístas.
Ahora, como ciudadano de a pie, me pregunto: ¿Y qué podemos hacer? Ciertamente, ante un número tan elevado de circunstancias particulares, como son las de todos los venezolanos, no resulta sensato pretender conseguir una respuesta que satisfaga a cada uno de los involucrados. Tampoco es la intención de este breve texto. Cada uno, haciendo un balance de su situación, ha de decidir hacer lo que le parece mejor. Sin embargo, me pareció una idea interesante preguntarle a algunos de los personajes de Gallegos y conocer su opinión al respecto.
Finalmente, aunque se sitúe dentro de la novela en un momento anterior a la disputa mencionada, Antonio, tratando de atajar el ataque que le dirigiera Reinaldo, esgrime: “A ti te parece que el deber de nosotros es la expatriación, y yo opino lo contrario. Creo que nuestro deber está en quedarnos aquí, para sufrir con todo el corazón la parte que nos corresponde en el dolor de la Patria, para desaparecer con ella, si ella perece; para tener la satisfacción de decir más tarde, si ella se salva y prospera: yo tengo derecho a este bienestar porque lo compré con mi dolor”. ¿Es posible sostener una posición contraria a la de Gallegos, representada en las palabras de Antonio? Sin duda, habría muchas razones. Sin embargo, como me gustaría tener una respuesta como la de Gallegos.