A mis manos

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El sol se coló por mi ventana acariciando la desnudez de mi espalda, fue una caricia tan suave, tan sutil que comenzó a calentar cada trozo de cuerpo que se encontraba al descubierto.
Cada célula de mi cuerpo comenzó a reaccionar al ligero tacto de la cobija que aún me abrazaba, centímetro a centímetro la piel se movía bajo el placer de esa suave tela.
Las aves empezaron a cantar susurrando a mi oído, llenando de magia la habitación, un sonido que no pidió permiso e irrumpió en la tranquilidad de la mañana.
Alguien preparaba café, el olor se mezcló en este éxtasis de sensaciones, penetrando así uno de los sentidos que me faltaba por despertar.
Tanto placer, tanto gozo, suaves caricias, ligeros toques, aromas excitantes, un ligero mordisco en la lengua. Un día en el que acabas para empezar.