¿Alguna vez has padecido éstos síntomas o conoces a alguien que los padezca?
Sensación de nerviosismo, agitación o tensión
Sensación de peligro inminente, pánico o catástrofe
Aumento del ritmo cardíaco
Respiración acelerada (hiperventilación)
Sudoración
Temblores
Sensación de debilidad o cansancio
Problemas para concentrarse o para pensar en otra cosa que no sea la preocupación actual
Tener problemas para conciliar el sueño
Padecer problemas gastrointestinales (GI)
Tener dificultades para controlar las preocupaciones.
Éstos son los síntomas del trastorno de ansiedad.
La ansiedad es la preocupación persistente y excesiva por actividades o eventos, incluso de actividades cotidianas. La preocupación es tan desproporcionada con respecto a la situación que es difícil de controlar y afecta la forma en que se siente físicamente la persona.
Aún no se conoce con precisión el origen del trastorno. Factores como la genética, la biologíay la química del cerebro y el estrés influyen en la aparición de la ansiedad.
Mi hijo comenzó a padecer este trastorno desde temprana edad, tenía 7 años. Por nuestra falta de conocimiento no supimos qué era lo que le pasaba. Cuando comenzaba un ataque se ponía muy inquieto. Nos decía que se le aceleraba el corazón y le dolía el estómago. Sentía un dolor muy fuerte que se tiraba al piso.
Era la primera vez que mirábamos una situación de ese tipo. Cometimos el error de escuchar varias opiniones de personas cercanas en lugar de llevarlo con un especialista.
"No es nada, pronto se le va a pasar", "está malcriado, es un berrinche", "tienen que corregirlo antes de que se salga de control y los quiera manipular". Éstas eran algunas frases que nos decían y lamentablemente dejamos pasar mucho tiempo para llevarlo con un especialista.
Lo llevamos con un médico general, y su opinión fue que eran cosas de la edad y que pronto se le pasaría. Qué tuviéramos cuidado en ponerle control y corregirlo para que no nos manipulara.
Por lógica los ataques no disminuyeron. Ya no sentía ansiedad durante el día sino también durante la noche. El miedo iba en aumento.
En un principio nos pedía que le dejáramos la luz encendida para dormir, pero después nos decía que no podía dormir. Que al cerrar sus ojos se le aparecían en su mente cosas muy feas. Varias noches mi esposa y yo nos quedamos a su lado para que durmiera. Nos desesperaba ver cómo nuestro hijo sufría porque había noches que no podía dormir.
Los ataques iban en aumento, no lo daba solamente en la casa, también en la escuela y en la calle. Un día, una vecina nos dijo que ella iba a llevar a su pastor a nuestra casa para orar por nuestro hijo. Mi hijo tenía en su habitación figuras de sus personajes favoritos: el hombre araña, Ben 10, max steel y Transformers. Cuando llegaron a orar por nuestro hijo lo primero que dijo el pastor fue que teníamos que sacar las figuras de sus súper héroes de la habitación porque eran "cosas del demonio". Por nuestra desesperación lo hicimos. ¿Funcionó? No, la situación siguió igual.
Hasta que un día, en su salón de clases le dió una crisis de ansiedad. En esos momentos estaba una profesora de otro salón y lo vió. Cuando mi esposa fue por él en la hora de la salida ella nos orientó que lo lleváramos con un psicólogo, ya que nuestro hijo padecía el trastorno de ansiedad.
Puedo decirte que el trastorno de ansiedad es algo muy serio y preocupante. Según la Organización Mundial de la Salud, 301 millones de personas en el mundo padecen el trastorno de ansiedad (cifra del año 2019), entre ellos 58 millones lo padecen niños y adolescentes.
Desde mi punto de vista, las personas más valientes que he conocido, son las personas que padecen un trastorno. Porque están en lucha constante contra ese enemigo interno que es muy fuerte: el miedo. Y es algo que siempre estará presente en su vida, y luchan valientemente cuando tienen un momento de crisis.
Si conoces a alguien que padezca este trastorno te aconsejo que no le digas las siguientes palabras:
"Cálmate”
“Tienes que dejar de pensar tanto”
“No tienes motivos reales para tener ansiedad”
“Anímate, tienes que superarlo y seguir adelante”
“ Eres egoísta, sólo piensas en ti, quieres llamar la atención”
“Todos tenemos problemas”
“Podría ser peor”
“No entiendo por qué estas así, no es para tanto”
“ Yo, a veces, también tengo ansiedad”
Por experiencia te puedo decir que es un error muy grave cuando se lo dices a alguien que está padeciendo este trastorno.
Desde que mi esposa y yo supimos que es lo que padece nuestro hijo, lo pusimos en tratamiento con un psicólogo. Ahora ya sabemos cómo debemos de actuar. Gracias a Dios ya no tiene esas crisis tan fuertes que le daba cuando era niño, pero aún sigue padeciendo de vez en cuando crisis de ansiedad.
Ayer sufrió una crisis, una crisis fuerte. He visto que las crisis van evolucionando, en su crisis me decía que ya no quería seguir viviendo, que él era un problema para nosotros. Lo que hice fue que quedé callado, que expresara lo que sentía en esos momentos, que se desahogara. Cuando se quedó callado solo lo abracé en silencio y él comenzó a llorar. Le dije que lo admiraba y estaba muy orgulloso de él porque era muy valiente. No esperaba esas palabras de mi parte y me preguntó por qué le decía éso, y le dije que era muy valiente por enfrentar sus miedos y luchar contra ellos y que ahí estaba a su lado para que se diera cuenta que no estaba solo. Que estaba muy orgulloso de él y que lo admiraba. Gracias a Dios que mis palabras lo ayudaron y pasamos el resto del día espectacular.
Si conoces a alguien que padece de este trastorno dale tu apoyo, ellos lo necesitan como no te imaginas. Y se debe de buscar ayuda profesional para poder actuar de la manera adecuada y poder enfrentar correctamente la situación
Dios te bendiga grandemente.